Petronila, hija de
san Pedro. Es el siglo primero y el lugar de la narración, Roma; Petronila está
presentada como hija de san Pedro. Su máximo anhelo es padecer por Jesús que
tanto quiso padecer por ella.
Una extraña
enfermedad la mete en cama con agudísimos dolores imposibles de aliviar; pero
su semblante alegre y su actitud llena de optimismo demuestran a todos los que
van a visitarla la aceptación voluntariosa y complacida de Petronila que, por
fin, puede sufrir algo por su Señor.
Se prolonga por
mucho tiempo la postración. Entre los creyentes romanos se empiezan a correr
rumores; ¿cómo es posible conciliar tamaño sufrimiento de Petronila con la
actitud permisiva del padre Pedro, si es verdad que sólo su sombra llegaba a
curar a enfermos, hace unos años, en Jerusalén?, ¿será que Pedro ha perdido
virtud?, ¿será esto una muestra de falta de cariño?, ¿no deben preocuparse los
padres por la salud de los hijos?... Un día Pedro reúne
a una gran multitud de creyentes en Cristo en su casa y manda con imperio a su
hija: «Petronila, levántate y sírvenos la mesa».
Asombrados y
estupefactos contemplan a la dulce joven incorporarse del lecho y salir
dispuesta al cumplimiento del encargo toda llena de facultades. Terminada su
misión vuelve a la cama, recupera la enfermedad con incremento de sufrimiento y
ya no se restablecerá hasta después del martirio de Pedro. No ha
hecho mella en su físico el terrible padecimiento soportado, se han
rejuvenecido sus facciones y hasta se diría que se ha multiplicado la belleza
previa a la enfermedad.
Ahora dedica
Petronila todas sus energías a la oración y a la
caridad. Va solucionando problemas de cristianos:
pobres, lisiados, enfermos, ciegos, leprosos y todo tipo de carenciales van a
visitarla y salen pletóricos de felicidad. Por toda Roma corre un inmenso e
imparable rumor que transmite de boca a boca la explosión de la caridad de
Jesucristo patente en las obras de Petronila.
No es extraño el
enamoramiento del joven Flaco que se acerca con gran séquito de criados y
esclavos a solicitar el consentimiento para hacerla su esposa. La reacción
ahora de la virgen es de indecible sorpresa; pero guarda las formas, agradece
al noble joven enamorado el honor que le hace y pide suave y dulcemente tres
días para reflexionar al término de los cuales debe Flaco enviarle sus
doncellas y criadas para que la acompañen. Todo es llanto en
Petronila. Jesucristo llena su corazón; no quiere romper la unidad del amor;
sólo a Jesús quiere como Esposo.
Pasa los tres días
encerrada, en compañía de Felícula, dada al ayuno, a continua oración, penitencias y súplicas
al Señor. El último día del retiro llega el presbítero Nicodemus, le celebró la
misa, le dio la Comunión y contempló cómo moría Petronila al pie del altar
consumida de amor.-Las criadas de Flaco que ya esperaban jubilosas trocaron el
cortejo de nupcial en fúnebre para llevarla a enterrar.
Quiso
enseñarnos la ejemplar actitud de una mujer cristiana de los
primeros tiempos que supo ser paciente en la enfermedad, descubrió
en sus padecimientos la ocasión de participar de los redentores de Jesucristo a
quien amó por encima de todas las cosas y en cualquier situación, por ello no
descuidó la caridad con los demás, ese estilo de vida tiene gran repercusión
sobrenatural en el cuerpo social.
Fue enterrada en el
cementerio que había en el camino de Ardi, allí donde luego se construyó una
iglesia con su nombre.
Oremos
Himno
Dichosa tú, que entre todas,
Fuiste por Dios sorprendida
Con tu lámpara encendida
Para el banquete de bodas.
Con el abrazo inocente
De un hondo pacto amoroso,
Vienes a unirte al Esposo
Por virgen y prudente.
Enséñanos a vivir,
Ayúdenos tu oración,
Danos en la tentación
La gracia de resistir.
Honor a la Trinidad
Por esta limpia victoria,
Y gloria por esta gloria
Que alegra a la humanidad. Amén
Escucha, Señor, nuestras plegarias y concede a los que celebramos la virtud de Santa Petronila, virgen, crecer siempre en tu amor y perseverar en él hasta el fin. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
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Santo(s)
del día
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