lunes 19 Mayo 2014
Santa María Bernarda Bütler
Verena Bütler nació en Auw, cantón de Aargau, Suiza el 28 de mayo de 1848. Aprendió a amar a Dios así como a María con el rezo diario del rosario en familia junto a sus padres, los humildes campesinos Enrique y Catalina. Heredó el espíritu mariano de ésta que solía peregrinar al santuario de «María Einsiedeln»; pertenecía a la orden tercera de San Francisco y socorría a los necesitados. Verena era permeable a todo ello. En esta etapa brotó su sensibilidad por las almas del Purgatorio. También hubo travesuras, rabietas diversas y hasta alguna que otra mentira. Inicialmente llegó a sentir cierta inquina hacia quien develaba su mal comportamiento ante Catalina, aunque vencía esta tendencia acercándose a la persona «delatora». Todo esto acontecía antes de sus primeros 7 años de vida. Con la gracia divina iría modificando paulatinamente sus flaquezas. Cursados los estudios primarios, y sin inclinación por la vía intelectual, optó por trabajar en el campo. La naturaleza entera le seducía porque, de algún modo, ya vislumbraba en ella la presencia de Dios. Hubo un amor adolescente, que fue correspondido, pero rehusó seguir adelante con el compromiso; se sentía invitada a darse a los demás de otro modo. Su vida sería siempre un «¡como Dios lo quiera!».
A los 18 años inició una experiencia
en el convento de la Santa Cruz, de Menzingen. Pudo estar inducida por una imagen
que se le quedó grabada de niña al ver a una religiosa pidiendo limosna.
Entonces se dijo: «seré monja». Sin embargo, mientras se hallaba junto a las
hermanas una voz interior, que juzgó inspirada de lo alto, le hizo ver que
debía buscar otro camino. No llegó a permanecer con la comunidad ni quince
días. Regresó a su casa, reanudó el trabajo, continuó orando, haciendo
apostolado y participando activamente en la parroquia; así mantuvo viva la
llama de su vocación. El 12 de noviembre de 1867, de acuerdo con el párroco que
le aconsejó certeramente, ingresó en el monasterio de María Auxiliadora, en Altstätten, Suiza. Y el 4 de mayo de 1868 le
impusieron el hábito franciscano. Tomó el nombre de María Bernarda del Sagrado
Corazón de María. Al año siguiente emitió los votos. Viendo sus cualidades y
profunda virtud, la designaron maestra de novicias y posteriormente superiora,
cargo para el que fue reelegida sucesivamente en tres ocasiones.
Lejos de allí, en Portoviejo,
Ecuador, la mies era mucha y los obreros pocos. Verena había tenido
noticias de ello a través del provincial de los capuchinos, P. Buenaventura
Frei, que se hallaba en Norteamérica y que estuvo alojado en el convento. Ella
vio el signo para fundar una casa en esas tierras, y comenzó a realizar las
gestiones pertinentes. Todo fue en vano. No había llegado la hora. Más tarde,
el capuchino mantuvo un encuentro con el obispo de Portoviejo, Mons. Pedro
Schumacher quien, al conocer la disposición de la beata, solicitó ayuda al
monasterio. De modo que, obtenidos los permisos requeridos, el 19 de junio de
1888 Verena partió junto con seis religiosas a Le Havre, Francia; desde allí viajaron a Ecuador. Se encaminaba hacia
su misión como fundadora de un nuevo Instituto: la congregación de Hermanas
Franciscanas Misioneras de María Auxiliadora. El prelado las acogió
encomendándoles Chone, una localidad de 13.000 habitantes
en la que precisaban religiosas como ellas para encender su corazón. Se
centraron en la educación mientras cultivaban otras vías apostólicas para dar a
conocer a Cristo. También asistían a enfermos y auxiliaban a los pobres. La
santa puso la base de esta incansable acción en los sólidos pilares de la
oración, pobreza, obras de misericordia y fidelidad a la Iglesia. No fue una
labor sencilla. Junto a la comunidad debió sortear dificultades climatológicas,
económicas, sociales, muchas inseguridades, y hasta malentendidos con algunos
miembros de la Iglesia. Hubo religiosas que abandonaron la fundación. Por si
fuera poco, en 1895 se desató una enconada persecución contra la Iglesia, y la
fundadora tuvo que huir junto a quince religiosas. Embarcaron hacia Colombia y
en el trayecto recibieron la invitación de Mons. Eugenio Biffi, obispo de Cartagena, quien les anunciaba que las acogería
en su diócesis. Llegaron a Cartagena de Indias en agosto de 1895. El prelado
las esperaba y les destinó como residencia un ala del hospital de mujeres, Obra
Pía.
Cuando la labor ya se había afianzado
y crecieron las vocaciones, surgieron nuevas casas que se extendieron por
Colombia, Austria y Brasil. Para todas era evidente la virtud de Verena, quien las atendía de manera incansable. Y eso fue
manifiesto también en los diversos viajes apostólicos que efectuó, en los que
compartía las tareas con las religiosas de forma sencilla, generosa. Sus gestos
estaban marcados por la ternura y la misericordia. Era muy animosa, clara en
sus juicios: «Llevar
una vida cómoda mientras tantos necesitan un servicio, no nos hace felices, en
cambio, no crearnos necesidades produce energía, favorece la salud y alarga la
vida». Sus hijas tenían espejo en el
que mirarse: «Amadas
hijas, Dios está en la escuela, en la enfermería, en la portería, en el
locutorio, en todos los servicios. Con simplicidad lo encontraremos en todas partes».Tuvo predilección por los pobres y por los enfermos. «Abran sus casas
para ayudar a los pobres y a los marginados. Prefieran el cuidado de los
indigentes a cualquier otra actividad»,decía. Estuvo al frente de la congregación
32 años. Cesó por voluntad propia, pero continuó ayudando y sirviendo a sus
hermanas. Fue un ejemplo de entereza y paciencia. No alimentó recelos, perdonó,
guardó silencio y nunca se defendió. Aludiendo a quienes le hicieron difícil
vida y misión, decía: «Dios lo permitió. Él sabía para que debía servir, nadie
tenía mala voluntad; no tenían conocimiento de la vida religiosa». Murió el 19 de mayo de 1924.
Juan Pablo II la beatificó el 29 de octubre de 1995. Benedicto XVI la canonizó
el 12 de octubre del año 2008.
Oremos
Señor Dios todopoderoso, que de entre tus fieles elegistes a Santa María Bernarda Bütler para que manifestara a sus hermanos el camino que conduce a tí concédenos que su ejemplo nos ayude a seguir a Jesucristo, nuestro maestro, para que logremos así alcanzar un día, junto con nuestros hermanos, la gloria de tu reino eterno. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
OOOOOOOOOOO
Santo(s)
del día
San
Ivo
Santa María Bernarda Bütler
San Pedro Celestino
San Crispín Viterbo
Santa Pudenciana,
San Pudente
San Filótero
San Dunstano
San Ivón
San Hadulfo
San Cirilo Tréveris
Beato Alcuino
San Juan Cetina
Santa María Bernarda Bütler
San Pedro Celestino
San Crispín Viterbo
Santa Pudenciana,
San Pudente
San Filótero
San Dunstano
San Ivón
San Hadulfo
San Cirilo Tréveris
Beato Alcuino
San Juan Cetina
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