Sábado 10 Mayo 2014
San Damián Veuster
San Damián de Veuster
Damián nació en Tremelo, Bélgica el 3 de enero de 1840. Era el
séptimo de 7 hermanos. Desde muy pequeño se distinguió por su piedad. Al mismo
tiempo le gustaba mucho jugar y sobre todo correr.
A la edad de 19 años decidió entrar en la Congregación de los Sagrados
Corazones. Sobre su carpeta escribió: "silencio, presencia de Dios,
oración". Amaba mucho la adoración nocturna del Santísimo Sacramento.
Años después escribiría que sin ella "no hubiera podido
perseverar en asociar mi suerte a la de los leprosos en Molokai". Amaba
rezar delante de la imagen de San Francisco Javier. Todos los días le pedía la
gracia de ser enviado un día a la misión
Finalmente en 1863 su sueño se hizo realidad. Partió del
puerto de Brema, en Alemania hacia las Islas Hawai. El viaje duró 139 días. A
partir de ése momento pasará 25 años de su vida en estas islas, cuidando de los
leprosos.
En la isla sirviendo a los leprosos practicó todos los oficios
que pudo: médico, carpintero, albañil, cocinero, maestro, etc. Muchos leprosos
no tenían ni dedos ni manos, así que el P. Damián incluso les construía el
ataúd y excavaba las tumbas.
Si bien tenía un temperamento irritable hacia todo aquello que
estorbara sus deberes sacerdotales, él se volvía niño con los niños. Tenía
mucho carisma, y no sólo daba, sino que daba con amor.
Los niños eran los predilectos del P. Damián. Ellos
encontraron en él un padre y una madre que los amaba. Su casa estaba siempre
llena de niños leprosos que comían con él. Eran su verdadera familia. Tomaba a
los niños en brazos, incluso cuando sus llagas estaban sin vendas. Decía:
"El cuerpo se corrompe rápidamente es sólo el alma que cuenta". Hizo
siempre de todo para garantizar a sus niños un verdadero hogar. El orfelinato
siempre estuvo al centro de sus atenciones.
Había creado un bellísimo coro de niños. A su hermano
escribía: "mis niños cantan como si fuesen músicos expertos. La
tuberculosis y la muerte han preparado las voces más bellas de mi coro".
Decía: "No estén preocupados por mi, porque cuando se
sirve a Dios se es feliz en todas partes"
En 1885 le fue diagnosticada la enfermedad. Había contraído la
lepra. Murió cuatro años después. Era el 15 de Abril de 1889.
Oremos
“TENGO MI CONSOLACIÓN EN EL ÚNICO COMPAÑERO QUE NO ME ABANDONA
NUNCA”, DECÍA HABLANDO DE LA PRESENCIA REAL DE CRISTO EN EL TABERNÁCULO. LA
COMUNIÓN EUCARÍSTICA ES EL PAN DE TODOS LOS DÍAS PARA LOS SACERDOTES Y PARA LOS
CONSAGRADOS, LA FUERZA, PARA EL QUE QUIERE SER MISIONERO”
(S.S. Juan Pablo II, Homilía,
Bruselas 4 de junio de 1995)
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