martes
27 Mayo 2014
San
Agustìn de Cantorbery
Nació en el siglo VI. Fue monje y prior del monasterio de San Andrés que había sido fundado por san Gregorio Magno en Roma. Este pontífice le envió a evangelizar la fecunda Inglaterra en la que tantos monasterios y santos habían florecido pese a las invasiones sufridas, como las de los sajones que indujo a muchas gentes a la idolatría. Gran parte de los contemporáneos de Agustín, que eran ingleses, aún persistían en ella y el cristianismo estaba en trance de desaparecer. Sin embargo, hasta el Santo Padre habían llegado noticias del ferviente anhelo y disposición a abrazarse a la fe que mostraban numerosos anglosajones. Así que maduró en su oración el sueño de evangelizar y afianzar la Iglesia en ese país. Simplemente necesitaba obreros para atender tanta mies. Y dio un primer paso. Alentó la conversión de las gentes ordenando a su administrador en los territorios provenzales, el presbítero Cándido, que le proporcionara algunos esclavos oriundos de esas tierras con objeto de formarlos y enviarlos después a predicar entre sus compatriotas. Pero se dio cuenta de que era una labor lenta. Y un apóstol se caracteriza por la urgencia; no mide el tiempo por las agujas del reloj. Es la fe rompiendo toda barrera la que marca una ruta a seguir que jamás se detiene. Desde el punto de vista espiritual un segundo perdido es irreparable; no se puede volver a recuperar.
De modo que el año
596, el papa escogió a Agustín, conocido por su virtud y celo apostólico. Y
éste, con treinta y nueve monjes, partió en la primavera de ese mismo año a
Gran Bretaña. Al llegar a la Provenza hicieron un alto en el monasterio de Lérins. Allí constataron
la dificultad que revestiría su misión. Los compañeros del santo se
aterrorizaron ante los relatos trazados por los monjes que ilustraban los
peligros que podrían hallar subrayando la crueldad del pueblo. Entonces,
Agustín se vio obligado a regresar a Roma para informar al papa del carácter
belicoso de los sajones. Éste no dio marcha atrás y animó a todos a enfrentarse
a las circunstancias con fe. Les entregó cartas de recomendación para prelados
y reyes, designando abad a Agustín. El retorno lo hicieron por Autun, donde pasaron el
invierno. Después recorrerían Orleáns, Tours para embarcar después rumbo a Gran
Bretaña desde Boulogne. En la primavera
del año 597 llegaron a la isla de Thanet, siendo recibidos personalmente por
el rey Ethelberto. Llegaban portando
la cruz y recitando procesionalmente las letanías. Conmovido el rey, pidió que
le explicaran las verdades de la fe, les autorizó para predicar el Evangelio y
les condujo a una residencia en Canterbury, que fue origen de la conocida abadía.
Siguiendo retazos de la historia, el primer encuentro entre ambos debió
producirse en campo abierto, seguramente al abrigo de un corpulento roble, ya
que el monarca tendría sus reservas pensando en algún maleficio obrado por
Agustín. No tardó en percatarse de su error. El hombre que tenía ante sí era un
dechado de sencillez, de prudencia y sabiduría. Le hablaba de un Dios amor tan
poderoso que enseguida quedó seducido por Él. Fue constatando la autenticidad
de todos los misioneros, la fortaleza que mostraban ante las dificultades, su
entrega sin paliativos…, y se convirtió. Pidió ser bautizado ante el asombro de
sus súbditos, a quienes dio plena libertad para seguir sus pasos. No usó su
poder para ello. Hizo saber a Agustín su convicción de que debía respetar la
creencia primitiva que había formado parte de su pueblo durante tanto tiempo.
Pero las gentes cuando vieron que él seguía la enseñanza del santo, quisieron
secundarle. Miles de ellos fueron instruidos y se abrazaron también a la
religión cristiana en las navidades del año 597. Ethelberto colaboraba con esta
ingente obra apostólica y legó hasta su propio palacio que fue monasterio y
sede del obispo.
En esa época,
Agustín fue consagrado obispo en Francia. Entretanto, comunicó al papa estos
hechos a través de dos monjes que envió al efecto. Y san Gregorio respondió
enviando nuevos colaboradores que portaron valiosos recursos para las gentes.
Asimismo eran custodios del palio y el nombramiento de Agustín como arzobispo
primado de Inglaterra. Llevaban indicaciones expresas del pontífice en las que,
con gran prudencia, proporcionaba al nuevo primado paternales y lúcidos
consejos. Respecto a los templos decía: «no conviene
derribarlos, sino solamente los ídolos en ellos existentes». Y en cuanto a las
tradiciones del pueblo advertía: «como hay costumbre
de hacer sacrificios de bueyes a los demonios, es conveniente cambiarla en una
fiesta cristiana. Así las fiestas de la Dedicación y de los Mártires podrían
celebrarlas por medio de banquetes fraternales». Otras previsiones del papa
concernientes a la organización jerárquica eclesial del país tuvieron que
esperar. La comunidad presidida por Agustín vivía bajo la regla benedictina. En
ese momento era el único obispo que había para la Gran Bretaña sajona. Y
mientras se progresaba en la evangelización, mantuvo diversas entrevistas con
responsables de la iglesia bretona. No solo buscaba ayuda con nuevos
misioneros, sino la conciliación entre los dos pueblos que estaban enfrentados.
En el año 601 todavía no se había llegado a un acuerdo. La autoridad de Agustín
no era reconocida por los bretones y tampoco estaban dispuestos a evangelizar a
los anglosajones. Así que Agustín y sus compañeros se volcaron con más brío en
la tarea apostólica. En el 604 murió el papa y ese mismo año se establecía un
segundo obispado en Rochester, y quedaban abiertas las puertas a un tercer
obispado en Londres. Para ello Agustín contó con la ayuda incondicional de Ethelberto. Pero este nuevo
despliegue acontecía cuando este gran apóstol de Inglaterra se hallaba al final
de su vida. Murió el 26 de mayo del año 605 dejando en marcha esta magna obra
que, aunque impulsada por el pontífice, fue materializada por él.
Oremos
Dios nuestro, que por la predicación del obispo San Agustín de Cantorbery hiciste brillar la luz del Evangelio sobre el pueblo de Inglaterra, haz que la semilla de sus trabajos apostólicos continúe dando frutos en tu Iglesia. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
OOOOOOOOO
Santo(s) del día
OOOOOOOOOOOOOOOOOOO
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