jueves
29 Mayo 2014
Santa Úrsula Ledóchowska
Julia María nació el 17 de abril de 1865 en Loosdorf, Austria. Sus ascendentes directos fueron eclesiásticos, consagrados, militares y hombres de estado. Sus padres eran el conde Anton Halka Ledochowski y la condesa Josephine Salis-Zizers, de nacionalidad polaca y suiza respectivamente. El cardenal Mieczyslaw, arzobispo de Gniezno-Poznan, que fue primado de Polonia y prefecto de la Congregación para la propagación de la fe, era tío paterno suyo. Anton había enviudado de su primera mujer de la que tuvo tres hijos, y luego contrajo nupcias con Josephine. Julia fue la segunda de los seis nuevos vástagos de este segundo matrimonio, entre los cuales hubo religiosos relevantes. La primogénita, María Teresa, fundadora de las misioneras de San Pedro Claver, fue beatificada por Pablo VI. Su hermano Wladimir fue general de la compañía de Jesús, y otro de sus hermanos, oficial de alta graduación, murió a manos de los nazis en el campo de concentración de DoraNordhausen. Su padre, que se ocupaba de la educación de todos ellos, solía leerles biografías de santos, de héroes polacos y les introducía en el mundo del arte y de la cultura, completando la formación que les proporcionaban profesores particulares. Josephine aportaba su fortaleza y energía, una alegría que contribuyó a realzar la felicidad y paz características del hogar. Por otro lado, el compromiso eclesial y la solidaridad circulaban por la casa como el aire; la presencia de sacerdotes y religiosos era constante.
Julia tuvo la
fortuna de ser educada en este selecto ambiente y crecer instada por sus
progenitores a la urgencia del amor. Sus hermanos admiraron en ella su espíritu
sensible, generosidad y alegría. Estudió lenguas, pintura y música. Cuando en
1873 se produjo un grave revés financiero y tuvieron que abandonar la idílica
villa en la que vivían para afincarse en la localidad germana de St. Pölten, acudió al centro
regentado por las religiosas fundadas por Mary Ward. En 1883 se trasladaron a Lipnica Murowana, Polonia. Al morir
su padre en 1885 aquejado de viruela, su tío, el cardenal, se ocupó de todos.
Al año siguiente Julia ingresó en el convento de las ursulinas de Cracovia.
Allí tomó el nombre de María Úrsula de Jesús. Era audaz, sensible,
disciplinada, emprendedora, tenía gran celo apostólico, talento y una visión
certera y creativa. Pero, por encima de sus cualidades como estratega en bien
del apostolado, sobresalía su donación sin paliativos a Cristo, sin
componendas, sin vuelta atrás. Exquisita en su trato, no permitía que las
visitas tuvieran que esperarla. Si le sugerían posponer la entrevista por
hallarse ocupada, respondía: «Nunca debemos
pedir a Jesús que espere». Obtuvo el título de maestra y luego
el de capacitación para enseñar en lengua francesa. Fue una gran formadora. De
1904 a 1907 ejerció como superiora en Cracovia, etapa en la que abrió el campo
educativo de las ursulinas. A instancias del P. Constantino Budkiewicz, párroco de la
iglesia de Santa Catalina, fundó un internado para estudiantes.
Pío X vio que era
una mujer de gran empuje, y le propuso evangelizar Rusia. Vistiendo civilmente,
Julia partió a San Petersburgo con una hermana. En 1908 sería nombrada
superiora de la casa que abrieron. Viviendo en clandestinidad y bajo vigilancia
policial, porque el gobierno ruso se había percatado de su intensa actividad,
desafió las hostilidades que se cernían sobre la Iglesia actuando a través de
varios frentes apostólicos dirigidos a la juventud universitaria y a los
adultos. Extendió estas acciones a Finlandia donde puso en marcha una clínica
para personas sin recursos. Allí se involucró en el ámbito ecuménico entre
católicos de varios ritos y ortodoxos. En 1914 en el fragor de la Primera
Guerra Mundial por ser austriaca fue expulsada, y emigró a Suecia, Dinamarca y
Estocolmo. Dejaba tras de sí en cada lugar su sello apostólico: centros para
huérfanos y niñas, escuelas de idiomas, etc. En 1915 estableció la primera
congregación mariana para universitarios, e impulsó cursos dirigidos por las
mentes teológicas más preclaras del momento. En 1918 creó en Aalborg, Dinamarca, una
escuela de economía doméstica y un orfanato. Después de regresar a Polonia en
1920, a requerimiento de los padres camilos colaboró con el comité de ayuda a
las víctimas de la guerra que había fundado el conocido escritor polaco Henryk Sienkiewicz. Entonces afrontó
graves problemas para integrar su casa y su obra educativa en la naciente Unión
de las ursulinas polacas que había concebido para asistir a pobres, enfermos y
desamparados. El nuncio apostólico en Polonia, Achille Ratti, futuro Pío XI, la confirmó en esa
misión: «Permaneced en el puesto que os ha indicado la misma
providencia». Ese
año la Santa Sede la autorizó a transformar su convento autónomo de San
Petersburgo en la congregación de Hermanas Ursulinas del Sagrado Corazón de
Jesús Agonizante. Trabajó entre los indigentes, abrió numerosos centros de
educación, impartió catequesis, compiló ediciones de libros para niños y
jóvenes, fue artífice de revistas, dictó conferencias, y fundó en 1925 la
Cruzada Eucarística juvenil. De este sacramento extrajo su fortaleza y caridad.
Fue un remanso de paz para todos al margen de orientaciones ideológicas,
políticas y religiosas. «Mi opinión política es el amor de Dios y de mi país», respondió a un
diplomático en una ocasión. Murió en Roma siendo superiora general el 29 de
mayo de 1939. Su cuerpo se conserva incorrupto. Juan Pablo II la beatificó el
20 de junio de 1983, y la canonizó el 18 de mayo de 2003.
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Santo(s) del día
San
Felix
Zaragoza
Santa Úrsula Ledóchowska
San Restituto Roma
San Conón,
San Sisinio (394)
Santa Teodosia Cesarea
Mártires Umbría
San Maximino Poitiers
San Máximo, Verona
San Eleuterio Confesor
San Voto
Teresa Candamo.
Santa Úrsula Ledóchowska
San Restituto Roma
San Conón,
San Sisinio (394)
Santa Teodosia Cesarea
Mártires Umbría
San Maximino Poitiers
San Máximo, Verona
San Eleuterio Confesor
San Voto
Teresa Candamo.
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