jueves 11
Septiembre 2014
San Juan Gabriel Perboyre
San Juan Gabriel Perboyre, presbítero y mártir
En Wuchang, en la provincia de Hebei,
en China, san Juan Gabriel Perboyre, presbítero de la Congregación de la Misión y mártir, que,
dedicado a la predicación del Evangelio según costumbre del lugar, durante una
persecución sufrió prolongada cárcel, fue atormentado y, finalmente, colgado en
una cruz y estrangulado.
No obstante que Juan
Gabriel Perboyre fue al primer misionero
cristiano en China que alcanzó la gloria de la beatificación (en 1889), no fue,
por cierto, el primer mártir en aquel país. En realidad, desde principios del
siglo diecisiete, cuando se restablecieron las misiones en China, sólo hubo
períodos relativamente cortos en los que estuvieron libres de peligro los
cristianos. A fines del siglo XVIII se desató una feroz persecución que
continuó esporádicamente hasta después de la muerte del padre Perboyre, en 1840, y numerosísimos
fueron los cristianos que dieron su vida por la fe en aquellos períodos. Juan
Gabriel nació en 1802 y, a la edad de quince años, escuchó un sermón que
encendió sus anhelos de ir a predicar a los paganos. No tardó en ingresar a la
Congregación de las Misiones (lazaristas y vicentinos) y fue ordenado sacerdote
en 1826. Al principio, su deseo de llevar el Evangelio a tierras lejanas tuvo
que ceder ante los requerimientos de la obediencia religiosa. Hizo
brillantemente su curso de teología y, por lo tanto, después de su ordenación
fue nombrado profesor del seminario de Saint-Flour; dos años más tarde, fue rector del
«petit séminaire» en el mismo lugar. Su
capacidad se puso de manifiesto en aquel cargo y, en 1832, fue enviado a París
como subdirector del noviciado general de su congregación. A intervalos, desde
que hizo sus votos doce años antes, había pedido que le enviasen a China, de
donde llegaban noticias sobre los sufrimientos y el heroísmo de los cristianos
perseguidos, pero sólo en 1835 se le concedió la autorización para partir.
Aquel mismo año llegó a
Macao y, en seguida comenzó a tomar clases de chino. Demostró tanta habilidad
para aprenderlo que, al cabo de cuatro meses, ya hablaba el complicado idioma y
fue nombrado para la misión de Honan.
En vísperas de partir, escribió a sus hermanos en París en estos términos: «Si
me viérais ahora con mi atuendo
chino, tendríais la ocasión de contemplar un espectáculo curioso: tengo la
cabeza rapada, una larga trenza en la coronilla y bigotes que se estremecen
cuando tartamudeo mi nueva lengua y se ensucian cuando como con los palitos de
bambú. Dicen que mi aire de chino no es del todo malo. Esta es una manera de
comenzar a hacer por uno mismo las cosas que debemos hacer por los demás: ¡Dios
quiera que podamos así ganarlos a todos para Jesucristo!» En China los
lazaristas habían organizado un sistema para rescatar a los niños abandonados
que tanto han abundado siempre en aquel país sobrepoblado, a fin de salvarlos de la
muerte y educarlos luego en la fe de Cristo. El padre Juan Gabriel participó
activamente en aquel trabajo y dedicaba la mayor parte de su tiempo a la
instrucción de aquellos niños a los que entretenía con el relato de divertidas
historias a las que el idioma chino les daba un sabor especial. Luego de pasar
dos años en Honan, fue transferido a Hupeh, donde poco después, en
septiembre de 1839, hubo un estallido inesperado, repentino, violento e
inexplicable de la persecución.
Los misioneros se
apresuraron a ocultarse, pero un neófito traicionó al padre Perboyre (¡Terrible coincidencia!:
lo vendió por treinta monedas, treinta taels,
el equivalente a unos dieciocho dólares), quien fue aprehendido, encadenado y
llevado ante innumerables funcionarios, cada uno de los cuales le interrogaba y
le enviaba a otro y así sucesivamente. Por fin, llegó a las manos del
gobernador y los mandarines de Wu
Chang Fu. Estos le exigieron que revelara el sitio donde se escondían sus
compañeros y que pisoteara la cruz, si quería salvar la vida. Por supuesto que
se negó a hacer ambas cosas y empezó su pasión. Los sufrimientos que debió
soportar el padre Juan Gabriel fueron increíbles en el sentido literal de la
palabra. En veinte ocasiones fue arrastrado ante sus jueces y otras tantas se
trató de obligarle con feroces tormentos, a la denuncia y al sacrilegio; las
torturas se multiplicaban al negarse el mártir. Es famoso el ingenio de los
chinos para inventar nuevos modos de infligir el dolor físico, y podemos
afirmar que el padre Perboyre sufrió tormentos de tan
refinada crueldad que, junto a ellos, los que han inventado los hagiógrafos
para los mártires de las «Diez Persecuciones», parecen vulgares y benignos. Se
le marcaron en el rostro cuatro caracteres chinos que decían: «maestro de una
falsa religión»; un sacerdote chino que sobornó a los carceleros para entrar a
la prisión, dijo que el cuerpo del padre Juan Gabriel era una masa informe de
llagas y heridas, abiertas hasta mostrar los huesos en algunos sitios. El 11 de
septiembre de 1840, casi un año después de su captura, san Juan Gabriel Perboyre, descalzo y con unos
calzones desgarrados bajo la roja camisola de los condenados, fue estrangulado
junto con otros cinco criminales comunes. Se le enterró al lado de otro mártir
lazarista, el padre Francisco Regis Clet, quien también sería canonizado. En China se celebra la
fiesta de el 7 de noviembre, la fecha más próxima a la de su beatificación en
1889. San Juan Gabriel fue canonizado el 2 de junio de 1996 por SS. Juan Pablo
II.
El asesinato de Juan
Gabriel Perboyre dio al gobierno británico
la ocasión para insistir sobre el cumplimiento a una cláusula del Tratado de Nanking, firmado en 1842, donde se
acuerda que las autoridades chinas no debían ocuparse de procesar y castigar a
un misionero extranjero que fuese detenido, sino entregarlo al cónsul de la
nación a que perteneciera el reo, en la ciudad más próxima al lugar de la
captura.
En 1853 apareció, de autor
anónimo, la obra «Le Disciple de Jésus», que es una biografía muy
completa y bien escrita de san Juan Gabriel; ver también la biografía del padre
Huonder, Der selige Johann Gabriel Perboyre; la de L. Castagnola, Missionario martire (1940) y la de A. Chatelet, J. G. Perboyre, martyr (1943). Asimismo se
encontrarán valiosos datos en Les Martyrs,
vol. X de Leclercq y en varios trabajos de A.
Launay que tratar de las misiones
en China.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston,
SI
OOOOOOOOOOOOOO
Santo(s)
del día
San
Juan Gabriel Perboyre
San Patiens de Lyon
Beatos mártires
Santa Teodora Egipto
Santos Proto y Jacinto
San Diodoro Laodicea
San Vicente mártir
Santos Félix y Régula
San Pafnucio Tebaida
San Pafnucio de Egipto
San Emiliano Vercelli
San Sacerdote de Lyon
San Paciente de Lyón
San Daniel de Bangor
Beato Offida Offida
San Adelfio de Luxeil
San Leudino o Bodón de Toul
San Elías Espeleota
Beato Gaspar Koteda
Beato Buenaventura de Barcelona
Beato Francisco Mayaudon
Beato Pedro de Alcántara Villanueva Larráyoz
Beato José María Segura Penadés
Beato Francisco Juan Bonifacio
San Juan Perboyre
San Charles Spinola
San Patiens de Lyon
Beatos mártires
Santa Teodora Egipto
Santos Proto y Jacinto
San Diodoro Laodicea
San Vicente mártir
Santos Félix y Régula
San Pafnucio Tebaida
San Pafnucio de Egipto
San Emiliano Vercelli
San Sacerdote de Lyon
San Paciente de Lyón
San Daniel de Bangor
Beato Offida Offida
San Adelfio de Luxeil
San Leudino o Bodón de Toul
San Elías Espeleota
Beato Gaspar Koteda
Beato Buenaventura de Barcelona
Beato Francisco Mayaudon
Beato Pedro de Alcántara Villanueva Larráyoz
Beato José María Segura Penadés
Beato Francisco Juan Bonifacio
San Juan Perboyre
San Charles Spinola
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