martes 22
Julio 2014
San Lorenzo de Brindis
San Lorenzo de Brindis, presbítero y doctor de la Iglesia
Llamado en el siglo César
de Rossi, nació en Brindisi, ciudad del reino de
Nápoles, en 1559. Pertenecía a una familia veneciana de cierto renombre. Se
educó primero en el convento de los franciscanos de su ciudad natal y, después,
bajo la dirección de un tío suyo, en el Colegio de San Marcos de Venecia. Hizo
rápidos progresos, tanto desde el punto de vista intelectual como espiritual y
a los dieciséis años ingresó en el convento de los capuchinos de Verona; con el
hábito religioso recibió el nombre de Lorenzo. Durante sus estudios de
filosofía y teología en la Universidad de Padua, se distinguió por su
extraordinario don de lenguas: aprendió el griego, el hebreo, el alemán, el
bohemio, el francés, el español y llegó a conocer muy a fondo el texto de la
Biblia. Era todavía diácono, cuando predicó una serie de sermones cuaresmales.
Después de su ordenación presbiteral, predicó con gran fruto en Padua, Verona,
Vicenza y otras ciudades del norte de Italia. En 1596, pasó a Roma a ejercer el
cargo de definidor de su orden, y el papa Clemente VIII le pidió que trabajase
especialmente por la conversión de los judíos. Tuvo en ello gran éxito, ya que
a su erudición y santidad de vida unía un profundo conocimiento del hebreo. Sus
superiores le enviaron más tarde, junto con el beato
Benito de Urbino,
a establecer a los capuchinos en Alemania como una muralla contra el
protestantismo. Los dos misioneros empezaron por atender a las víctimas de una
epidemia de peste; más tarde, fundaron conventos en Praga, Viena y Corizia, de donde habían de nacer
con el tiempo las provincias franciscanas de Bohemia, Austria y Estiria. En el
capítulo de 1602, san Lorenzo fue elegido superior general de su orden.
Desempeñó su cargo con vigor y caridad. Al punto emprendió la visita de las provincias,
pero, en 1605, se negó a aceptar la reelección, pues pensaba que Dios le
reservaba para otras empresas.
Cuando era vicario general,
el emperador Rodolfo II le envió en misión diplomática a conseguir la ayuda de
los príncipes alemanes contra los turcos, cuya amenaza se cernía sobre toda
Hungría. El santo tuvo éxito en su misión y fue nombrado capellán general del
ejército que se había formado gracias a sus esfuerzos. En algunas ocasiones,
san Lorenzo fue prácticamente general en jefe del ejército; por ejemplo, antes
de la batalla de Szekes-Fehervar, en 1601, los generales le
consultaron, el santo les aconsejó que atacasen, arengó personalmente a las
tropas y partió al frente de las fuerzas de ataque, sin más arma que un
crucifijo. La aplastante derrota que sufrieron los turcos fue atribuída por todos a san Lorenzo.
Se cuenta que, al volver de la campaña, se detuvo en el convento de Gorizia,
donde el Señor se le apareció en el coro y le dio la comunión por su propia
mano. Tras de algún tiempo de predicar y reconciliar con la Iglesia a los herejes
de Alemania, recibió del emperador la comisión de persuadir a Felipe III de
España a que se uniese a la Liga Católica y aprovechó la ocasión para fundar un
convento de capuchinos en Madrid. Después, fue enviado a Munich como nuncio de la Santa
Sede ante Maximiliano de Baviera, el jefe de la Liga. Desde ahí administró dos
provincias de su orden y prosiguió su tarea de pacificación y predicación. En
1618, tras de haber mediado dos veces en las diferencias reales, se retiró al
convento de Caserta, con la esperanza de verse libre de todas las distracciones
mundanas, por más que siempre había hecho todo lo posible por evitar que sus
actividades en los asuntos seculares estorbasen a su santificación. Dios le
había concedido una gracia especial para ello y el santo era frecuentemente
arrebatado en éxtasis mientras celebraba la misa, de suerte que puede decirse
que su vida interior constituía el punto de partida de todas sus actividades
exteriores.
Los príncipes y
gobernantes, por muy irreligiosos que sean, suelen apreciar los servicios de
los hombres verdaderamente santos. Los principales señores de Nápoles acudían a
san Lorenzo para presentarle sus quejas por la tiranía del virrey español, el
duque de Osuna, y le pedían que fuese a la corte del rey Felipe para evitar que
el pueblo se levantase en armas. El santo no era aún muy viejo, pero estaba
enfermo y achacoso. Cuando llegó a Madrid, supo que el rey no estaba en la
ciudad, sino en Lisboa. Así pues, prosiguió su camino a Portugal, en pleno
calor del estío. Usó de toda su elocuencia y su poder de persuasión y logró que
el monarca prometiese relevar del cargo de virrey al duque de Osuna.
San Lorenzo retornó
entonces a su convento y ahí falleció el día de su cumpleaños, 22 de julio de
1619. Fue sepultado en el cementerio de las Clarisas Pobres de Villafranca. Su
beatificación tuvo lugar en 1783; durante el proceso, se examinaron a fondo sus
escritos y los expertos declararon que "merecía contarse entre los
doctores de la Iglesia". La mayor parte de dichos escritos son sermones;
pero hay también un comentario del Génesis y algunas obras contra Lutero. Hasta
hace poco, habían permanecido inéditos, pero los capuchinos de la provincia de
Venecia han publicado las Opera omnia
de San Lorenzo (Edición Quaracchi, crítica, 15 volúmenes,
1928- 1956). San Lorenzo fue canonizado en 1881, y en 1959 SS Juan XXIII lo
nombró «Doctor Apostólico de la Iglesia».
En 1911 el P. Antonio Brennan publicó en inglés Life of St. Laurence of Brindisi, basándose principalmente
en la biografía del P. Buenaventura de Coccaleo, quien consultó los documentos del proceso de beatificación.
En Acta Apostolica Sedis 51 (1959) en las páginas
456 a 461 se reproduce la Carta Apostólica por al que Juan XXIII lo eleva a la
categoría de Doctor d ela Iglesia, y allí hace un
largo repaso de su vida. Acerca de la teología mariológica de San Lorenzo cf. Jérome, La doctrine mariale de St. Laurent de Brindis
(1933); y Serafino, S. Lorenzo da Brindisi: discorsi mariani (1950). Hay una larga
biografía de Arturo M. de Carmignano di Brenta, o.f.m.cap. publicada por la
Conferencia Ibérica de Capuchinos en 1993, que se reproduce en el Directorio
franciscano.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston,
SI
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martes 22
Julio 2014
San Felipe Evans
Mártires
de la persecución en Inglaterra (1535 - 1681)
Se llama así a los
católicos que murieron en Inglaterra en defensa de su fe y de la primacía del
Papa, entre 1535 y 1681, durante las persecuciones bajo Enrique VIII, Isabel 1,
Jacobo 1, Carlos I, la República de Cromwell y Carlos II.
Se llama así a los
católicos que murieron en Inglaterra en defensa de su fe y de la primacía del
Papa, entre 1535 y 1681, durante las persecuciones bajo Enrique VIII, Isabel 1,
Jacobo 1, Carlos I, la República de Cromwell y Carlos II. El número total (excluyendo los que padecieron
en Irlanda bajo el mismo régimen) se calcula en unos 600, pero de éstos sólo
una lista de 360 nombres fue enviada a la Santa Sede en 1874 por el cardenal Manning para iniciar su
beatificación. De los otros, quizá no menos «mártires», no se tenían
suficientes datos, o los motivos religiosos de su ejecución estaban algo
mezclados con otros motivos como, p. ej., los que fueron ajusticiados después
de la rebelión conocida como «pilgrimage of Grace» de 1536.
De la lista de los 360, el
decreto de la Sagrada Congregación de Ritos (9 dic. 1886) apartó a 44
(principalmente por haber muerto en la cárcel), aguardando un ulterior estudio.
Por decreto del 29 dic. 1886, León XIII aprobó que 54 (y por decreto del 13 mayo
1895, otros 9 más) habían ya sido «equivalentemente» beatificados por el papa
Gregorio XIII, quien, en 1583, había permitido la representación de su martirio
con paridad a la de los antiguos mártires cristianos. El número de los «Beati» ascendió a 64 cuando el
papa Benedicto XV, el 23 mayo 1920, beatificó al arzobispo de Armagh (Irlanda), S. Oliver Plunkett, canonizado en 1975, e
incluido entre los M. de I. debido a que su juicio pasó de Irlanda a Londres,
donde fue ejecutado el 11 jul. 1681, porque ningún jurado irlandés hubiera
creído las acusaciones contra él alegadas por el infame Titus Oates.
De los 252 Venerables
presentados por la Jerarquía de Inglaterra y Gales (junto con S. John Ogilvie presentado por la
Jerarquía escocesa y canonizado en 1975) fueron beatificados 136 por Pío XI el
15 dic. 1929 y 85 por Juan Pablo II el 22 nov. 1987. El 19 mar. 1935, Pío XI
canonizó a Juan Fisher y a Tomás Moro. Pablo VI canonizó el 25 oct. 1970 a los «Cuarenta
Mártires de Inglaterra y Gales». Sus nombres son: Cuthbert Mayne, Ralph Sherwin, Alexander Briant, John Paine, Luke Kirby, Edmund Gennings, Eustace White, Polvdor Pladen, John Boste, John Almond, John Southworth, y William John Plessington, John Lloyd, John Kemble, John Roberts, Ambrose Barlow, Alban Roe, John Haughton, Augustine Webster, Robert Lawrence, Richard
Reynolds, John Stone, John Jones, John Wall, Edmund Campion,
Robert Southwell, Henry Walpole, Thomas Garnet, Edmund Arrowsmith, Henry Morse, Philip
Evans, David Lewis, Nicholas Owen, Richard Gwyn,
Swithun Wells, Philip Howard, John
Rigby, Margaret Clitherow, Margaret Ward y Anne Line (cfr. Sagrada
Congregación para las Causas de los Santos, Official Presentation of Documents on Martyrdom and Cult, Vaticano 1968).
A los muchos que sufrieron
persecución religiosa -oficialmente reconocidos o no- se debe que con su
ejemplo y constancia se mantuviera viva la fe católica en Inglaterra y que al
cabo de tres siglos, resurgiera el catolicismo como algo no implantado desde
fuera, sino con unas notas propias, nacionales, con caracteres bien
marcados.[...]
Conclusión. Aunque las
autoridades pretendieron dar a las condenas un carácter político, estos
mártires y beatos defendían con su muerte una verdad de fe: el primado del
Romano Pontífice: «Los mártires ingleses pueden definirse mártires de la
Iglesia Católica, de la romanidad, de la primacía papal de
esta Iglesia. El duelo lo fue entre derechos del César y derechos de Dios, y
estos mártires murieron proclamando los derechos del César... Pero fueron
noblemente intransigentes cuando esos derechos se quisieron anteponer a los derechos
de Dios, que se identifican con los derechos de la Iglesia, con los derechos
del Vicario de Cristo» (Pío XI, L'Osservatore Romano, 9-10 dic. 1929, 1). Como ha dicho Pablo VI: «son
mártires por defender la estructura jerárquica y unitaria de la Iglesia, del
todo respetuosa con la potestad temporal en el foro civil, pero libre en el
foro espiritual. Son mártires de la libertad y unidad de la Iglesia» (Aloc. 25 oct. 1970, L'Osservatore Romano, 26-27 oct. 1970).
Bibliografía: Para una
lista completa de los mártires, v. A. BUTLER, Lires of Saints, 4 vol., Londres 1956; J. H. POLLEN,
Acts of English Martyrs. Londres 1891; íD., Unpublished do( uments relating to English Martyrs. Londres 1908; B. CAMM, Lires qf the English Marty1-s /_535-1583, de( lared blessed by Pope Leo XIII in 1886 and
1895, 2 vol., Londres 1904-05; E. H. BURTON y J. H. POLLEN, Lires of English Martyrs, 2' serie: The Venerables (1583-88),
Londres 1914; E. WAUGH, Edmund Campion, Londres 1935; B. LLORCA y
R. GARCÍA VILLOSLADA, Historia de la Iglesia Católica, 111, 2 ed. Madrid 1967,
725-33; 917-28; A. EHRHARD y W. NEUSS, historia de la Iglesia, IV, Madrid 1962,
134-146; P. MOLINARI, 1 quaranta Martini d'Inghilterra e del Calles, «L'Oss. Romano» 24 oct. 1970; S.
USHERWOOD, E. ÜSHERWOOD, We die for the old Religion (historia de los 85
mártires beatificados el 22 nov. 1987), Londres 1987.
Introducción general tomada de La Gran Enciclopedia Rialp, 1991, artículo firmado por Richard A. P. Stork.
Introducción general tomada de La Gran Enciclopedia Rialp, 1991, artículo firmado por Richard A. P. Stork.
fuente: Gran Enciclopedia Rialp
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Etimológicamente significa
“amante de los caballos”. Viene de la lengua griega.
El encuentro asiduo con Dios relanza al creyente a aventuras insospechadas. El joven Felipe creció feliz en el seno de una familia del País de Gales. Estudió en el colegio de los jesuitas.
Como su vocación la vio clara en su adolescencia, pidió entrar en la Compañía de Jesús.
Su trabajo de sacerdote consistió en la predicación misionera por todo el País de Gales Meridional.
Su fama se extendió en seguida por todo el pequeño país. Los propios enemigos hacían la vista gorda cuando aparecía en las iglesia predicando el Evangelio con mucha fuerza y convicción.
Había un señor llamado Oates que desencadenó un persecución contra los católicos.
La situación de este joven sacerdote era muy embarazosa para él y para sus muchos seguidores.
El encuentro asiduo con Dios relanza al creyente a aventuras insospechadas. El joven Felipe creció feliz en el seno de una familia del País de Gales. Estudió en el colegio de los jesuitas.
Como su vocación la vio clara en su adolescencia, pidió entrar en la Compañía de Jesús.
Su trabajo de sacerdote consistió en la predicación misionera por todo el País de Gales Meridional.
Su fama se extendió en seguida por todo el pequeño país. Los propios enemigos hacían la vista gorda cuando aparecía en las iglesia predicando el Evangelio con mucha fuerza y convicción.
Había un señor llamado Oates que desencadenó un persecución contra los católicos.
La situación de este joven sacerdote era muy embarazosa para él y para sus muchos seguidores.
Le dijeron muchas veces que
se fuera a otra parte, a otra región. El respondía siempre con valentía que
nunca abandonaría a sus fieles, aunque lo mataran.
Un amigo lo traicionó. Entonces las autoridades lo cogieron y encerraron en una cárcel del castillo de Cardiff, capital del País de Gales.
Le proponían que si prestaba juramento de fidelidad y supremacía al rey, se vería libre.
Por supuesto, no aceptó alegando que su única fidelidad era al Papa. Lo sometieron a un proceso tonto y amañado. Estando en la cárcel, alegraba a todos con su canto y su arpa.
Y tal día como hoy del año 1679 murió mártir por defender su fe auténtica.
Un amigo lo traicionó. Entonces las autoridades lo cogieron y encerraron en una cárcel del castillo de Cardiff, capital del País de Gales.
Le proponían que si prestaba juramento de fidelidad y supremacía al rey, se vería libre.
Por supuesto, no aceptó alegando que su única fidelidad era al Papa. Lo sometieron a un proceso tonto y amañado. Estando en la cárcel, alegraba a todos con su canto y su arpa.
Y tal día como hoy del año 1679 murió mártir por defender su fe auténtica.
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martes 22
Julio 2014
Santa Síntiques
Santa Síntiques; fue discípula de San Pablo y su cooperadora en la propagación del Evangelio, como lo dice él escribiendo a los filipenses: "Ruego a Evodia y a Síntiques que sientan lo mismo en el Señor.
También te ruego a ti, fiel
compañero, que asistas a aquellas que trabajaron conmigo en el
Evangelio..." Y, como dice San Crisóstomo, parece que estas mujeres fueron
las primicias de la Iglesia de Filipos,
78.
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Santo(s)
del día
San
Lorenzo de Brindis
San Felipe Evans
Santa Síntiques
San Platón de Ancira
San Teófilo Chipre
San Cirilo Antioquía
San Menelao de Menat
San Wandrilo
San José
San Salviano
Beata María Inés Teresa
Santos Mártires Masilitanos
San Anastasio de Suania
San Vandregisilo de Fontenelle
San Jerónimo de Pavia
Beato Agustín de Biella Fangi
Mártires de la persecución
Beato Jacobo Lombardie
Santa Ana Wang,
Beata María Inés Teresa
San Felipe Evans
Santa Síntiques
San Platón de Ancira
San Teófilo Chipre
San Cirilo Antioquía
San Menelao de Menat
San Wandrilo
San José
San Salviano
Beata María Inés Teresa
Santos Mártires Masilitanos
San Anastasio de Suania
San Vandregisilo de Fontenelle
San Jerónimo de Pavia
Beato Agustín de Biella Fangi
Mártires de la persecución
Beato Jacobo Lombardie
Santa Ana Wang,
Beata María Inés Teresa
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