viernes
18 Julio 2014
San
Bruno de Segni
Nació en Solero, Piamonte, Italia, hacia el año 1048. Algunas fuentes aseguran que su familia era acomodada y otras que fue de humilde cuna. Añaden también que se le conocía como Bruno Astensis. Su localidad natal, cercana a la ciudad de Alessandría, pertenecía a la diócesis de Asti. Se formó primeramente en el monasterio benedictino de San Perpetuo, y luego en la universidad de Bolonia. De allí salió preparado para recibir la ordenación sacerdotal, dispuesto para refutar las herejías del momento. Cuando tenía unos 25 años dedicó a Ingo, obispo de Asti, un texto sobre el Salterio gallicano. Le precedía su fama como buen orador y conocedor de la teología, lo que motivó que Gregorio VII, advirtiendo su fidelidad al magisterio de la Iglesia, lo seleccionara para participar en el sínodo que tuvo lugar en Roma a finales del año 1079. Y efectivamente mostró su insobornable unidad con la cátedra de Pedro doblegando a Berengario, prelado de Tours, que negaba la presencia real de Cristo en la Eucaristía. Éste, ante la firme y rigurosa defensa de Bruno, que expuso brillantemente la doctrina eclesial sobre el Santísimo Sacramento, tuvo que retractarse de su herejía. El papa siempre iba a contar con el juicio del santo como hicieron otros pontífices a los que también asistió. Además de Gregorio VII, Víctor III, Urbano II y Pascual II no ocultaron su admiración por él y valoraron sus consejos.
Bruno era canónigo de Segni
cuando Gregorio VII, a la vista de sus virtudes y fidelidad, pensó otorgarle el
cardenalato, pero aquél rehusó humildemente; prefería no asumir tan alta
dignidad. Sin embargo, un año más tarde en la «Campagna di Roma», el pontífice lo
consagró obispo de Segni. En esta labor pastoral brilló por su celo apostólico;
se desvivía por los demás. Durante tres meses del año 1082 fue prisionero de Ainulfo, conde de Segni, quien lo
recluyó en el castillo de Vicoli.
El aristócrata simpatizaba con Enrique IV, que había sido excomulgado por el
pontífice, mientras que Bruno secundaba al Santo Padre en sus proyectos de
reforma eclesiástica. Era un momento en el que había que luchar contra la
simonía, el problema de las investiduras y otros vicios escandalosos que
lamentablemente diezmaban la feligresía. El prelado de Segni fue un importante
«báculo» para Gregorio VII; por ese motivo fue detenido. Al ser liberado,
regresó a Roma y siguió al lado del pontífice. En 1084 le acompañó a Salerno
ciudad en la que se refugió escapando del asedio de los normandos. Cuando el
papa murió, asistió a su sucesor Urbano II. Le acompañó en sus viajes por
Italia y Francia, estuvo junto a él en sínodo de Melfi (1089) y en la consagración de la
abadía de Cava dei Tirreni, en Salerno. En años
sucesivos, permaneciendo siempre a su lado, participó en los concilios de
Piacenza y de Clermont-Ferrand. En éste se proclamó la Primera Cruzada y se
renovaron los decretos contra el concubinato del clero, la simonía y las
investiduras por los laicos. En 1097 intervino en el concilio de Letrán, en
1098 en el de Bari y al año siguiente participó en el Laterano, último concilio presidido
por Urbano II. Entretanto, Ainulfo
proseguía con su particular persecución, y Bruno anhelando la paz, pese a no
contar con el beneplácito del nuevo papa Pascual II, determinó vincularse a los
monjes de la abadía de Montecassino. Sin embargo, este
pontífice, al igual que hicieron sus predecesores, siguió confiando en él y le
encomendó nuevas misiones.
Bruno tomó el hábito en
1103, aunque no dejó de regir episcopalmente la sede de Segni. Fue tan fiel en
la vivencia de la regla, que en 1107, a la muerte del abad Otto, lo eligieron
para que le sucediese. Al año siguiente, en una visita que efectuó a la abadía,
Pascual II respaldó esta designación ante los monjes, ensalzando las cualidades
del santo. Pero Bruno defendía la ortodoxia eclesial por encima de todo, y en
el momento en que vio que Pascual II había claudicado ante el emperador electo
Enrique V, otorgándole privilegios contra los que había combatido con celo
junto a los pontífices anteriores, no dudó en recriminar al papa, aunque lo
hizo con un texto lleno de ternura y delicadeza en el que reiteraba con
emocionadas palabras sus sentimientos de amor y de unidad. Con todo, el Santo
Padre lo sancionó instándole a renunciar al cargo de abad, a la par que
disponía su regreso a Segni. Bruno acató humildemente su voluntad. En 1112 en
el concilio de Letrán, Pascual II se vio obligado a reconocer su error, y el
santo que estaba presente en el mismo, acogió y ratificó su decisión con sumo
gozo. El resto de su vida lo dedicó a orar, estudiar y meditar. Ha dejado
numerosos escritos. Su obra se compone de tratados sobre las Escrituras y la
liturgia, contra la simonía, sermones, vidas de santos, cartas y otras obras
que ponen de manifiesto el celo apostólico y la intrepidez de este santo
obispo. Murió el 18 de julio de 1123, poco después de exhortar y bendecir a su
grey desde la ventana de su sede. Fue canonizado el 5 de septiembre de 1183 por
Lucio III.
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viernes
18 Julio 2014
Santo Domingo Nicolás Dinh Dat
Santo Domingo Nicolás Dinh Dat, mártir
En la ciudad de Nam Dinh, en Tonquín, santo Domingo Nicolás Dinh Dat, mártir, el cual, siendo
soldado, fue forzado a renunciar a la fe cristiana y, después de crueles
tormentos, consiguieron que pisase una cruz, aunque inmediatamente se
arrepintió y, para expiar la culpa de su apostasía, escribió al emperador Minh Mang pidiéndole que le juzgasen
de nuevo como cristiano, a consecuencia de lo cual finalmente murió
estrangulado.
Había nacido en Phu-Nai, en el Tonkin occidental, y había optado
en su juventud por enrolarse en el ejército del gobernador. Éste primero toleró
a los cristianos, pero luego se avino a las leyes persecutorias y mandó a
Domingo y demás soldados cristianos que apostatasen. Domingo y dos más, Agustín y
Nicolás,
se negaron. Los demás apostataron. Torturados, resistieron firmes en la fe,
pero fueron drogados posteriormente y pisotearon la cruz, por lo que fueron
declarados apóstatas y dejados libres, y se les entregó un dinero para que
volviesen a sus pueblos. Los tres jóvenes, sin embargo, cuando se les pasó el
efecto de la droga, volvieron a afirmar su fe ante el gobernador, que con
nuevas torturas no logró su apostasía. En vista de ello los envió a sus
respectivos pueblos, insistiendo ante las autoridades locales en que los
tuvieran por apóstatas. Decidieron entonces ir a Hué a entregar personalmente al
emperador el testimonio de su fe. Pero los padres de Domingo lo retuvieron y no
pudo ir a Hué. Aquí sus compañeros
fueron martirizados. Domingo insistía en proclamar su fe, y ello le valió nuevo
arresto. Llevado a Nam-Dinh, se le sentenció a muerte,
y cuando llegó la confirmación de la sentencia fue decapitado el 18 de julio de
1839. Fue canonizado el 19 de julio de 1988 por Juan Pablo II.
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viernes
18 Julio 2014
San Arsenio Senador
San Arsenio
Monje. Cuando el emperador
Teodosio el Grande buscaba un buen profesor para sus dos hijos, el Papa San
Dámaso le recomendó a Arsenio, un senador sumamente sabio y muy práctico en sus
consejos.
Durante diez años, San
Arsenio vivió en el palacio del emperador educando a sus dos hijos, Arcadio y
Honorio. Estando un día orando, en medio de una gran crisis espiritual,
mientras le pedía a Dios que le iluminara lo que debía hacer para santificarse,
oyó una voz que le decía: "Apártate del trato con la gente, y vete a la
soledad". Entonces dispuso irse al desierto a orar
y a hacer penitencia con los monjes.
Cuando llegó al monasterio
del desierto, los monjes, sabiendo que había estado viviendo tanto tiempo como
senador y como alto empleado del Palacio imperial, dispusieron ponerle algunas
pruebas para saber si en verdad era apto para esa vida de humillación y
mortificación. Fue ahí, donde San Arsenio se hizo muy
conocido por todos por sus penitencias extraordinarias. Por muchos siglos han
sido enormemente estimados los dichos o frases breves que San Arsenio
acostumbraba decir a la gente.
Desde remotas tierras iban
viajeros ansiosos de escuchar sus enseñanzas que eran cortas pero sumamente
provechosas. Entre muchas de sus enseñanzas o frases que
el Santo pronunciaba están: "muchas veces he tenido
que arrepentirme de haber hablado. Pero nunca me he arrepentido de haber
guardado silencio"; o "siempre he sentido temor a presentarme al
juicio de Dios, porque soy un pecador".
Oremos
Tú, Señor, que concediste a San Arsenio el don de imitar con fidelidad a Cristo pobre y humilde, concédenos también a nosotros, por intercesión de este santo, la gracia de que, viviendo fielmente nuestra vocación, tendamos hacia la perfección que nos propones en la persona de tu Hijo. Que vive y reina contigo.
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Santo(s) del día
San
Bruno de Segni
San Arsenio Senador
Santa Gundena
San Federico de Utrecht
San Materno Milán
San Emiliano de Mesia
San Arnulfo Metz
San Bruno de Segni
San Rufilo de Forlimpopoli
San Filastrio de Brescia
Beato Bartolomé Portugal
Santa Marina Balcagia
Santa Teodosia de Contantinopla
San Simeón de Lipnica
Beato Juan Bautista de Bruselas
Santo Domingo Nicolás Dinh Dat
Beata Tarsicia Mackiv
San Eugenio (505)
Santa Sinforosa de Tiburtina
San Arsenio Senador
Santa Gundena
San Federico de Utrecht
San Materno Milán
San Emiliano de Mesia
San Arnulfo Metz
San Bruno de Segni
San Rufilo de Forlimpopoli
San Filastrio de Brescia
Beato Bartolomé Portugal
Santa Marina Balcagia
Santa Teodosia de Contantinopla
San Simeón de Lipnica
Beato Juan Bautista de Bruselas
Santo Domingo Nicolás Dinh Dat
Beata Tarsicia Mackiv
San Eugenio (505)
Santa Sinforosa de Tiburtina
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