viernes 11 Julio 2014
San Benito Abad
Benito nació en Nursia, Italia, hacia el año 480 en el seno de una familia de patricios. En su juventud cursó en Roma derecho, retórica y filosofía. En esa época dio otro rumbo a su existencia radicalmente opuesto al que llevaba: se había contaminado, en cierto modo, de la vida licenciosa de otros jóvenes coetáneos. Su hermana Escolástica le precedió en su consagración. Él comenzó retirándose a Enfide (Affile en la actualidad) para iniciar una experiencia eremítica signada por la oración, estudio, ascesis y penitencia, que ya no abandonaría. Tras veinte años de soledad, eligió el monte Subiaco para seguir retirado del mundo. Durante tres años habitó en una cueva bajo la guía de Romano, un ermitaño que moraba en otra oquedad cercana; éste le impondría el hábito monástico. La siguiente etapa le llevó a convivir con los monjes de Vicovaro, quienes le eligieron sustituto del prior fallecido. Al parecer, las exigencias de la regla impuesta por Benito no fueron de su agrado, y tomaron el áspero camino de la venganza. Se quisieron desembarazar de él mediante una pócima venenosa que echaron en su vaso, pero cuando estaba a punto de beberlo, éste se quebró en pedazos.
Benito quedó consternado. Retornó a Subiaco con la idea de fundar nuevos
monasterios y dio inicio al primero de ellos con el grupo de jóvenes que se
congregó en torno a él. A éste le siguieron otros difuminados por la región. Al
saberse objeto de envidia de monjes vecinos, abandonó el lugar para establecerse
en Montecassino. Allí erigió otra abadía el año 529,
y redactó hacia el 540 su conocida Regula monasteriorum (Regla de los monasterios),
fruto de su acrisolada experiencia monástica, punto de referencia ineludible
para la vida monacal que la ha tenido como norma durante más de 1500 años. Su
unánime aceptación ha sido la artífice del título otorgado a Benito como
«patriarca del monacato occidental». El hecho de estar fundamentada en las
Sagradas Escrituras y en la tradición de la Iglesia ha contribuido a que
mantenga su frescura inicial. En ella no se atisba la inducción a extremadas
penitencias, sino la exhortación a una vida cimentada en los pilares de la
consagración: humildad, obediencia y abnegación. Al tiempo, realza la
hospitalidad característica del monacato y subraya el valor incalculable del
estudio. El objetivo primordial: la santidad de vida guiada por el «ora et
labora». El santo abad quería conducir a todos «a Dios por el trabajo de la
obediencia, de la que habían salido por la pereza de la desobediencia». La
vivencia de la caridad, y la pobreza, siempre con un espíritu de fraternal y
gozoso servicio por amor a Dios, ejercido en silencio, irían moldeando el
discurrir de todos.
Benito fue agraciado con dones
diversos, entre otros, el de milagros y el de profecía; era un dechado de
virtudes. En su regla se aprecian muchas de ellas a través del perfil que trazó
sobre la figura del abad, subrayando el rigor que debe caracterizarle y la
responsabilidad que encarna. En el primer capítulo de la misma hizo
notar: «El abad debe acordarse siempre de lo que es, debe recordar
el nombre que lleva, y saber que a quien más se le confía, más se le exige. Y
sepa qué difícil y ardua es la tarea que toma: regir almas y servir los
temperamentos de muchos, pues con unos debe emplear halagos, reprensiones con
otros, y con otros consejos. Deberá conformarse y adaptarse a todos según su
condición e inteligencia, de modo que no sólo no padezca detrimento la grey que
le ha sido confiada, sino que él pueda alegrarse con el crecimiento del buen
rebaño». Personalmente
contribuyó sin descanso a ese incremento de vocaciones al que aludía. Desde Montecassino impulsó la creación de nuevos
monasterios, auténticos bastiones de fe y cultura en los que se formaron
incontables monjes dando lance en esos momentos a una época caracterizada por
una profunda crisis espiritual.
Su hermana santa Escolástica, que
compartió con él similar vocación al monacato, moraba con su comunidad en las
estribaciones de Montecassino. Acostumbrados a compartir sus altos
ideales, ambos se veían semanalmente de forma puntual. Al final del día, Benito
regresaba al monasterio con los monjes que le acompañaban. Pero en una ocasión,
Escolástica le rogó que se quedase hasta el día siguiente. El cumplimiento de
la petición no entraba en los planes de Benito, riguroso observante de su
regla. Se propuso partir desoyendo el ruego de su hermana, cuando una súbita
tempestad le obligó a permanecer junto a ella. Viéndose sorprendido por esta
contingencia meteorológica, que apareció de improviso, reconvino a Escolástica
haciéndole «culpable» de la misma. Ella, paciente y animosa, replicó con
ternura que al ver rechazada su petición, elevó sus ruegos a Dios y Él la
escuchó. Poco tiempo después, su alma volaba al cielo, y su hermano, en un
éxtasis, contemplaba su ingreso en la gloria eterna. Benito no tardó mucho en
seguirla. Vaticinó su muerte que se produjo el 21 de marzo de 547, pocos días
después de la de su santa hermana. Fue canonizado por Honorio III en 1220.
Pablo VI lo proclamó Patrón de Europa en 1964 con la carta apostólica
«Pacis nuntius».
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Medalla de San
Benito La Cruz – Medalla de San Benito data de una época muy antigua
y debe su origen a la gran devoción que el Santo profesaba al signo adorable de
nuestra Redención y al uso frecuente que de él hacía y que recomendaba a sus
discípulos para vencer las tentaciones, ahuyentar al demonio y obrar
maravillas.
En un principio y durante
muchos años la devoción a esta Cruz – Medalla de San Benito fue meramente local
y exclusiva de los monasterios Benedictinos.
Explicación: la medalla
de San Benito representa, de un lado, la imagen de la Cruz y en el otro, la del
Santo Patriarca El lado de la Cruz suele estar encabezado, o por el
monograma del Salvado: IHS, o por el lema de la orden benedictina:
PAX.
En los cuatros ángulos de la Cruz
háyanse grabadas las siguientes iniciales:
C.S.P.B., que significa: Cruz Sancti Patris Benedicti, o sea: Cruz del Santo Padre Benito, las cuales son como un
anuncio de la Medalla y no forma parte del exorcismo.
En las líneas vertical y horizontal y
alrededor de la Cruz se leen, en el siguiente orden, estas otras iniciales, cuyas palabras componen la oración
ó exorcismo que tanto teme Satanás y que conviene repetir a
menudo:
C.S.S.M.L. Cruz Sancta Sit Mihi
Luz La Santa Cruz sea mi luz
N.D.S.M.D. Non Draco Sit
Mihi Dux No sea el dragón mi
guía
V.R.S. Vade Retro Satanás
Retírate Satanás
N.S.M.V. Numquam Suadeas
Mihi Vana No me aconsejes
vanidades
S.M.Q.L. Sunt Mala Quae Libas Son cosas malas las
que tú brindas
I.V.B. Ipse, Venena
Bibas Bebe tú esos venenos
Oremos
¡Oh glorioso Patriarca de los Monjes, San Benito!, amado del Señor, poderoso en milagros, padre bondadoso para con todos los que te invocan, yo te pido intercedas por mí ante el trono del señor.
En todo tiempo extiende tu protección sobre mí; líbrame de todos los males de cuerpo y alma; defiéndeme a mí y a todos los míos del poder de los enemigos infernales.
Ruega por mí a fin de que viviendo según la ley del Señor, merezca ser hallado digno de recibir la eterna recompensa. Por Jesucristo Nuestro Señor.
V) Glorioso apareciste en la presencia del Señor.
R) Por eso el Señor te revistió de hermosura ¡ San Benito! en tus manos pongo mi vida, líbrame del poder de los espíritus malignos
Dios nuestro, que constituiste al abad San Benito como un insigne maestro para los que quieren entregarse a tu servicio, concédenos que, anteponiendo tu amor a todas las cosas, corramos con un amor generoso por el camino de tus mandamientos. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
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Santas Ana An Xinzhi, María An Gouzhi, Ana An Jiaozhi y María An Lihua, vírgenes
y mártires
Liugongyin,
pueblo cercano a Anping, en la provincia de Hebei, en China,
santas Ana An
Xinzhi, María An Gouzhi, Ana An Jiaozhi y María An Lihua, vírgenes y mártires, que al no
conseguir de ellas que abandonasen el cristianismo, fueron decapitadas durante
la persecución desencadenada por el movimiento de los Yihetuan.
En el poblado chino de Tchai-Ben-Seu había una comunidad cristiana a la
que pertenecían las cuatro mujeres cristianas cuyo martirio conmemoramos hoy.
Eran María An
Lihua, Ana An Xinzhi, María An
Guozhi, Ana An Jiaozhi, y María An
Lihua, de 62, 26, 29 y 64 años de edad, respectivamente. Ellas, al
saber que los boxers recorrían los pueblos buscando
cristianos, se marcharon a un pueblo de paganos, Liugong-yin, donde sus
parientes las acogieron humanitariamente. Llevaban consigo dos niños pequeños.
Pero los boxers supieron por alguien a qué pueblo habían ido las cuatro
cristianas y entonces se hicieron presentes en él y exigieron a los parientes
que las entregaran.
Las cuatro fueron invitadas a
apostatar del cristianismo, pues de lo contrario serían degolladas. Las cuatro
confesaron intrépidamente a Cristo y manifestaron que no pensaban renegar del
evangelio. Entonces los boxers perdonaron a los niños y decapitaron
a las cuatro. Era el 11 de julio de 1900. Fueron canonizadas el 1 de octubre de
2000 por Juan Pablo II.
fuente: «Año
Cristiano» - AAVV, BAC, 2003
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viernes 11 Julio 2014
San Sabino Bresse
Martirizado por los arrianos juntamente con su
hermano San Cipriano cerca de Poitiers; eran naturales de Bresse, cerca de Lyón; por espacio de varios lustros
predicaron en el Poitou; después vivieron retirados en una
celdita no lejos del sepulcro de San Martín, s. V o VI.
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Santo(s) del día
San
Benito Abad
Santa Ana An Xinzhi
San Pío I
San Marciano Iconio
San Cindeo
San Sabino Brescia
San Juan Bérgamo
San Sabino Bresse
San Hidulfo
San Dictino
Santa Ana An Xinzhi
San Pío I
San Marciano Iconio
San Cindeo
San Sabino Brescia
San Juan Bérgamo
San Sabino Bresse
San Hidulfo
San Dictino
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