viernes
08 Agosto 2014
Santo Domingo de Guzmán
Santo
Domingo de Guzmán
El fundador de los Padres
Dominicos, que son ahora 6,800 en 680 casas en el mundo, nació en Caleruega, España, en 1171. Su
madre, Juana de Aza, era una mujer admirable en virtudes y ha sido declarada
Beata. Lo educó en la más estricta formación religiosa. A los 14
años se fue a vivir con un tío sacerdote en Palencia en cuya casa trabajaba y estudiaba.
La gente decía que en edad era un jovencito pero que en seriedad parecía un
anciano.
Su goce especial era leer
libros religiosos, y hacer caridad a los pobres. En un viaje que
hizo, acompañando a su obispo por el sur de Francia, se dio cuenta de que los
herejes habían invadido regiones enteras y estaban haciendo un gran mal a las
almas. Y el método que los misioneros católicos estaban empleando era
totalmente inadecuado. Los predicadores llegaban en
carruajes elegantes, con ayudantes y secretarios, y se hospedaban en los
mejores hoteles, y su vida no era ciertamente un modelo de la mejor santidad.
Y así de esa manera las
conversiones de herejes que conseguían, eran mínimas. Domingo se propuso un
modo de misionar totalmente diferente. Vio que a las gentes les
impresionaba que el misionero fuera pobre como el pueblo. Que viviera una vida
de verdadero buen ejemplo en todo. Y que se dedicara con todas sus energías a
enseñarles la verdadera religión. Se consiguió un grupo de compañeros y con una
vida de total pobreza, y con una santidad de conducta impresionante, empezaron
a evangelizar con grandes éxitos apostólicos. Sus armas para
convertir eran la oración, la paciencia, la penitencia, y muchas horas
dedicadas a instruir a los ignorantes en religión.
Cuando algunos católicos
trataron de acabar con los herejes por medio de las armas, o de atemorizarlos
para que se convirtieran, les dijo: «Es inútil tratar de convertir a la gente
con la violencia. La oración hace más efecto que todas las armas guerreras. No
crean que los oyentes se van a conmover y a volver mejores por que nos ven muy
elegantemente vestidos. En cambio con la humildad sí se ganan los
corazones». En agosto de 1216 fundó Santo Domingo su Comunidad de
predicadores, con 16 compañeros que lo querían y le obedecían como al mejor de
los padres. Ocho eran franceses, siete españoles y uno inglés. Los preparó de
la mejor manera que le fue posible y los envió a predicar, y la nueva comunidad
tuvo una bendición de Dios tan grande que a los pocos años ya los conventos de
los dominicos eran más de setenta, y se hicieron famosos en las grandes
universidades, especialmente en la de París y en la de Bolonia. El
gran fundador le dieron a sus religiosos unas normas que les han hecho un bien
inmenso por muchos siglos.
Por ejemplo
estas: Primero contemplar, y después enseñar: dedicar tiempo y
muchos esfuerzos a estudiar y meditar las enseñanzas de Jesucristo y de su
Iglesia; después sí predicar con todo el entusiasmo posible.-
Predicar siempre y en todas partes. Santo Domingo quiere que el oficio
principalísimo de sus religiosos sea predicar, catequizar, propagar las
enseñanzas católicas por todos los medios posibles. Y él mismo daba el ejemplo:
donde quiera que llegaba empleaba la mayor parte de su tiempo en predicar y
enseñar catecismo.
Era el hombre de la
alegría, y del buen humor. La gente lo veía siempre con rostro alegre, gozoso y
amable. Sus compañeros decían: «De día nadie más comunicativo y alegre. De
noche, nadie más dedicado a la oración y a la meditación». Pasaba noches enteras
en oración. Era de pocas palabras cuando se hablaba de temas
mundanos, pero cuando había que hablar de Nuestro Señor y de temas religiosos
entonces sí que charlaba con verdadero entusiasmo. Sus libros
favoritos eran el Evangelio de San Mateo y las Cartas de San Pablo. Siempre los
llevaba consigo para leerlos día por día y prácticamente se los sabía de
memoria.
A sus discípulos les
recomendaba que no pasaran ningún día sin leer alguna página del Nuevo
Testamento o del Antiguo. Totalmente desgastado de tanto trabajar y
sacrificarse por el Reino de Dios a principios de agosto del año 1221 se sintió
falto de fuerzas, estando en Bolonia, la ciudad donde había vivido sus últimos
años. Tuvieron que prestarle un colchón porque no tenía.
Y el 6 de agosto de 1221,
mientras le rezaban las oraciones por los agonizantes cuando le decían: «Que
todos los ángeles y santos salgan a recibirte», dijo: «¡Qué hermoso, qué
hermoso!» y expiró. A los 13 años de haber muerto, el Sumo Pontífice
lo declaró santo y exclamó al proclamar el decreto de su canonización: «De la
santidad de este hombre estoy tan seguro, como de la santidad de San Pedro y
San Pablo».
Oremos
Que tu Iglesia, Señor encuentre siempre luz en las enseñanzas de Santo Domingo y protección en sus méritos: que él, que durante su vida fue predicador insigne de la verdad, sea ahora para nosotros un eficaz intercesor ante ti. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo
OOOOOOOOOOOOOO
Santo(s)
del día
Santo
Domingo de Guzmán
Santa María MacKillop
Beata Juana de Aza
San Ciriaco Roma
San Marino Anazarbe
Beato Juan Felton
San Eleuterio Mártir
San Hormidas Persia
San Emiliano Helesponto
San Mirón Creta
San Severo Viena
San Mommolo
Santa Sigrada
Santa María MacKillop
Beata Juana de Aza
San Ciriaco Roma
San Marino Anazarbe
Beato Juan Felton
San Eleuterio Mártir
San Hormidas Persia
San Emiliano Helesponto
San Mirón Creta
San Severo Viena
San Mommolo
Santa Sigrada
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