jueves 14
Agosto 2014
San Maximiliano Kolbe
San Maximiliano María Kolbe, presbítero y mártir
fecha: 14 de agosto
n.: 1894 - †: 1941 - país: Polonia
otras formas del nombre: Maximiliano Kolbe
canonización: B: Pablo VI 17 oct 1971 - C: Juan Pablo II 10 oct 1982
hagiografía: «L`Osservatore Romano»
Maximiliano María Kolbe nació cerca de Lodz (Polonia) el 8 de enero de
1894. Ingresó en el seminario de los Hermanos Menores Conventuales en 1907, y
el año 1918 fue ordenado sacerdote en Roma. Encendido en el amor a la Madre de
Dios fundó la asociación piadosa de la «Milicia de María Inmaculada», que
propagó con entusiasmo. Misionero en el Japón, se esforzó por extender la fe
cristiana bajo el auspicio y patrocinio de la misma Virgen Inmaculada. Vuelto a
Polonia, habiendo sufrido grandes calamidades, en el mayor conflicto de los
pueblos, entregó su vida como holocausto de caridad por la libertad de un
desconocido condenado a muerte, el 14 de agosto de 1941, en el campo de
concentración de Auchwitz.
.............................................
En septiembre de 1939
estalla la Segunda Guerra mundial. Sangre, muerte, destrucción, crueldad, odio,
bestialidad e infamia sin fin. Los nazis, llenos de soberbia, invaden Polonia.
En pocas semanas, el ejercito y toda la nación polaca sufren la humillación de
la derrota. Quedan completamente subyugados. Pocos días después,
llega la Wermach, o ejercito de ocupación,
que sin miramiento alguno comete todo tipo de tropelía, saqueos y vandalismos
en la ciudad mariana: destrozan imágenes, encienden fogatas con ornamentos
sagrados, retiran y se llevan una buena parte de la maquinaria tipográfica. El
P. Kolbe, el fundador, esta
presente ante esos destrozos sacrílegos. No se deja dominar por el odio ni
grita venganza. Solo reza, llora y consuela... Pese al clima de odio al
enemigo, el perdona como Cristo en la Cruz; el ama a todos: "¡Animo
muchachos, la Inmaculada nos lo dio. La Inmaculada nos lo quito. Ella bien sabe
como están las cosas!". El 19 de septiembre se presento en Niepokalanow la Wermacht alemana con gritos:
"Todos fuera!.. ¡Todos en marcha!.. Todos los frailes fueron acorralados
en el patio, encolumnados y cargados en camiones
rumbo al occidente. Pasaron de un campo de concentración a otro: de Lamsdorf a Amtitz, de aquí a Ostrzeszow. Aun no se había llegado a
los horrores posteriores de los campos de concentración; sin embargo, no
faltaban los sufrimientos. Había de sobra dolor para poner a prueba hasta a los
mas fuertes: abusos, prepotencia, desprecio, violencia, repugnante suciedad,
hambre, frío, promiscuidad, piojos. Pese a todo, había algo de libertad que
permitía a los frailes tener vida común, instalar una imagen en la repisa de un
galpón, rezar y cantar juntos, hacer su retiro espiritual. El 8 de
diciembre, fiesta de la Inmaculada, luego de tres meses de encierro, fueron
inexplicablemente liberados. Era un regalo de la Virgen. Pero triste
espectáculo les brindo Niepokalanow al regresar. Primeramente,
los bombardeos y los saqueos habían destrozado la mística ciudad. Ahora, todo
se hallaba ocupado por los deportados y desbandados. Sin embargo, no hubo
desmayo, sino que en seguida se organizo la vida religiosa con tandas continuadas
de Adoración ante el Santísimo. De inmediato, la numerosa comunidad
tuvo que enfrentar no tanto los problemas culturales de las revistas y
ediciones, cuanto los mas prosaicos y graves de la subsistencia: comida, ropa,
remedios, Para resolverlos, como también para salir al encuentro de las
necesidades del pueblo de los alrededores, se abrieron talleres de herrería,
carpintería, mecánica, servicios automovilísticos, y también una lechería.
Ocasionalmente tuvieron que prestar servicios también a las autoridades de
ocupación. Niepokalanow brindo su asistencia a
varios miles de pobres desheredados, entre los cuales había un millar de
judíos, marcados por los nazis con una estrella amarilla sobre el
pecho. El P. Maximiliano había impartido a sus frailes estas pautas
de conducta: la caridad ha de estar abierta a todos sin discriminación; sus
únicos limites han de ser los de las posibilidades, que, gracias a su gran
espíritu de sacrificio, llegaban a los extremos de la misma
generosidad. El P. Kolbe
se las arregló para enviar mensajes a los hermanos dispersos: "Trabajemos
en la acción misionera. Conquistemos para la Inmaculada otros corazones.
Recemos mucho por la venida del reino. Ofrezcámosle nuestros sufrimientos.
Nuestra consigna sea ésta: que la Inmaculada esté contenta de nosotros. Vivamos
de amor. Comuniquemos a los otros fuego de amor" La Navidad de
1939 es Navidad de guerra: nuevos aprestos bélicos en el frente ruso, carecen
los alimentos y la calefacción, aumenta el miedo, las persecuciones y
arrestos... ¿Quien se acuerda de celebrar Navidad? -El P. Maximiliano. Organiza
una fiestecita infantil para los muchos niños alojados en Niepokalanow: teatrillo, cantos,
modestas golosinas, para devolver a los niños un poco de alegría y hacer
brillar de nostalgia los ojos de las madres. El P. Kolbe esta en la lista negra de
la Policía Secreta. ¿Por que? El Padre Kolbe
es el superior de Niepokalanow, cuyas actividades
marianas tienen tanta influencia en toda Polonia. Los nazis quieren destruir
esa influencia y a la vez quieren vengarse de que de esos talleres salía
"El Pequeño Diario" cuya predica patriota y católica tanto los había
enfurecido. Peor mas aun, el P. Kolbe
por su sacerdocio, cultura y posición era dirigente notable. En el programa de
ocupación estaba previsto el exterminio de los intelectuales y dirigentes.
Además, en Niepokalanow se brindaba asilo a los
judíos. A los ojos antisemitas de los nazis, eso era un delito que merecía el
castigo de los campos de concentración. El P. Maximiliano presentía
que vendrían para apresarlo pero seguía firme en compromisos. Estaba convencido
de que su vida estaba en manos de Dios y que la Inmaculada velaba por todos.
Seguía trabajando por la difusión de sus ideales marianos. Deseaba reeditar
"El Caballero de la Inmaculada" para llevar autentica esperanza y paz
a ciento de miles de hogares en tiempo de tanto dolor y confusión. Finalmente,
en diciembre del 1940, luego de infinitas gestiones con los ocupantes
invasores, pudo editar el ultimo numero, en el cual brillaba la belleza del
amor mariano. Un día de febrero del 1941 por la mañana dos autos
negros de la Gestapo se paran ante Niepokalanow. Los policías piden hablar con el P. Kolbe, quien al saber su llegada
contesta con temblor al hermano portero: "¡Bien, bien, hijo
mío!¡María!". Reúnen a todos los frailes en el patio, mientras tanto ellos
inspeccionan bruscamente todo el convento. Hacia mediodía, el Padre Maximiliano
y otros cinco padres son obligados a introducirse en los autos. Parten para un
viaje sin retorno. El P. Maximiliano inicia su vía crucis sereno y tranquilo,
como siempre. Dejó su querida Niepokalanow, su predilecta ciudad mariana, para no volver
mas. Para todo polaco, el "Pawiak"
es el nombre de la terrible cárcel de Varsovia, que "hace helar la
sangre". Ahí ingreso el 17 de febrero de 1941 el P. Maximiliano Kolbe. El campo de
concentración de Auschwitz es llamado por los
polacos: "campo de la muerte", porque en sus campos, bloques y
sótanos, han perecido miserable y trágicamente, mas de cinco millones de
personas. Levantado sobre los escombros de unos cuarteles y granjas, esta
situado en la Polonia meridional, en una zona pantanosa, insalubre, para que no
hubiese testigos indiscretos de esa fabrica de muerte. Rodeado por altas
alambradas electrizadas y de torres de control. Allí toda crueldad e infamia,
toda bestialidad y aberración, toda atrocidad y todos los horrores se habían
dado cita para transformarlo en un verdadero infierno. Continuas muertes por
enfermedades y por inanición, frío, fatigas agotadoras, escorbuto, disentería,
traumas e infecciones. El pelotón de fusilamiento acribillaba a docenas a la
vez contra un paredón forrado de caucho, para atenuar el ruido del disparo. En
la plaza de armas cinco personas subían a la banqueta. El verdugo les colocaba
el lazo al cuello. Con una patada a la banqueta quedaban las víctimas suspendidas.
Auschwitz se había hecho famoso por
la instalación de la primera cámara de gas. Lo que mas se temía no eran las
balas, ni las horcas, ni las cámaras de gas, sino los sótanos de la muerte, o
"Bunker", de la lenta agonía, del martirio enloquecedor del hambre y
de la sed. En Auschwitz murieron millones de católicos y también, como es sabido,
millones de judíos. El objetivo mas profundo de Hitler en sus masacres es poco
conocido. El hecho es que el odiaba la revelación divina confiada a Israel y
también a Jesucristo, particularmente a la Iglesia Católica. Entra
en Auschwitz el P. Maximiliano la tarde
del 28 de mayo de 1941 con un transporte de otros 320 presos. Sobre el portón
de entrada había un letrero en alemán: "El trabajo libera". Era una
mentira mas. En realidad, al entrar los prisioneros, se les decía que los
judíos tenían el derecho de vivir dos semanas y los sacerdotes católicos un
mes. Apenas llegan agotados, se pasa lista. Cada preso ha de pasar
debajo de una doble fila de sayones, los que armados de látigos y bastones, se
divierten sádicamente, golpeándolos o haciéndoles zancadillas, que obligan los
presos a saltos, manotazos, morisquetas y terribles crispaciones. Todo esto
provocaba en los verdugos burlas y risotadas. Maximilano siempre iba al final de la
línea de la enfermería a pesar de la severa tuberculosis que
padecía. La mañana del 29 de mayo despertó a los 320 con un
deshumanizante programa. Desnudados, fueron sometidos a una ducha colectiva de
violentos chorros de agua fría. Después golpeados y escarnecidos obscenamente
por sus desnudeces, fueron revestidos de raídas casacas, muchas de ellas aun
manchadas de sangre. Cada casaca lleva un numero. Desde ahora en adelante, cada
preso no será mas que un numero. El del Padre Maximiliano María Kolbe era el 16670.
Mas tarde, todo el grupo salió a la plaza de armas, para la asignación a las
brigadas de trabajo o bloques. El P. Kolbe
en seguida fue ocupado como peón en el acarreo de cantos rodados y arena para
la construcción de un muro alrededor del horno crematorio. El P. Kolbe consolaba a sus compañeros
y decía " todo lo que sufrimos, es por la Inmaculada". Un
día, después de una tremenda paliza dada por el cabo que estaba a cargo, y que
lo había dejado mas muerto que vivo, el P. Kolbe
fue internado en el hospital, atacado de neumonía, con fiebre altísima y con el
rostro estriado de moretones. "Con su conducta ante el sufrimiento,
asombraba a médicos y enfermeros. Soportaba el dolor virilmente y con completa
resignación a la voluntad de Dios, solía repetir: "Por Jesús soy capaz de
padecer aun mas. La Inmaculada esta conmigo y me ayuda". El
bloque 14 había salido para la cosecha de unas parcelas de trigo. Aprovechando
algún descuido de los guardias, un preso se fugó. Por la tarde, al pasar lista,
se descubrió el hecho. El terror congeló los corazones de aquellos hombres.
Todos sabían la terrible amenaza del jefe: "Por cada evadido, 10 de sus
compañeros de trabajo, escogidos al azar, serian condenados a morir de hambre
en el bunker o sótano de la muerte. A todos aterrorizaba el lento
martirio del cuerpo, la tortura del hambre, la agonía de la sed. Al día
siguiente, los otros bloques siguen sus faenas diarias. Los del bloque 14 han
de quedar en posición de atención en la explanada bajo el sol calcinante de verano, sin comer ni
beber. Tres horas pasan como la eternidad. El P. Maximiliano, el de los
pulmones agujereados por la tisis, el que acaba de salir del hospital, siempre
débil y enfermizo, resiste de pie, no desmaya ni cae. El solía repetir: "En
la Inmaculada todo lo puedo". A las 21 horas se distribuyo la comida. Pero
no para el bloque 14. Estos pobres observaron como sus raciones eran tiradas de
las ollas al desagüe. Al romper filas todos van a catres sabiendo que al día
siguiente diez de entre ellos serian escogidos para el bunker de la muerte. Ya
había ocurrido en dos ocasiones. Al día siguiente, a las 18 horas, Fritsch, el comandante del campo,
se planta de brazos cruzados ante sus víctimas. Un silencio de tumba sobre la
inmensa explanada, atestada de presos sucios y macilentos. "El fugitivo no
ha sido hallado... Diez de ustedes serán condenados al bunker de la muerte...
La próxima vez serán veinte". Con total desprecio a la vida
humana, los condenados son escogidos al azar. ¡Este!... ¡Aquel!... grita el
comandante. El ayudante Palitsch marca los números de los
condenados en su agenda. Aterrorizado, cada condenado sale de las filas,
sabiendo que es el final. ¡Adiós, adiós , mi pobre esposa!.. ¡Adiós
, mis hijitos, hijitos huérfanos! dice sollozando el sargento Francisco Gajownieczek. Las palabras
del sargento sin duda tocan el corazón de muchos presos, pero en el corazón del
padre Kolbe hacen mas. Mientras los
diez condenados responden al grito: "¡Quítense los zapatos!", porque
deben ir descalzos al lugar del suplicio; de improviso ocurre lo que nadie
podía imaginarse. He aquí los testimonio de los que estaban presente:
"Después de la selección de los diez presos atestigua el Dr. Niceto F. Wlodarski, el P. Maximiliano salió
de las filas y quitándose la gorra, se puso en actitud de ¡firme! ante el
comandante. Este sorprendido, dirigiéndose al Padre, dijo: "Que quiere
este cerdo polaco?". "El P. Maximiliano, apuntando la mano hacia F. Gajownieczek, ya seleccionado para la
muerte, contesto: "Soy sacerdote católico polaco; soy anciano; quiero
tomar su lugar, porque el tiene esposa e hijos...". "El
comandante maravillado, pareció no hallar fuerza de hablar. Después de un momento,
con un gesto de la mano, pronunciando la palabra ¡Raus! ¡Fuera!..., ordeno a Gajowniczek que regresara a su fila.
De este modo, el P. Maximiliano María Kolbe
tomo el lugar del condenado". "Parece increíble que el
comandante Frisch haya borrado de la lista
al sargento, y haya aceptado el ofrecimiento del P.Kolbe, y que mas bien no haya condenado a
los dos al bunker de la muerte. Con un monstruo como ese, todo era
posible" "Los diez pasaron ante nuestras filas",
declara Fray Ladislao Swies, palotino, "y entonces observe
que el Padre Kolbe seguía por ultimo, y
sostenía a tientas a otro de los condenados, mas débil que el, que no era capaz
de caminar con sus propias fuerzas". A la Virgen dirige su
oración: "Reina mía, Señora mía, has mantenido tu palabra. ¡Es para esto
que yo he nacido!". "El sacrificio del P. Kolbe, mientras provocó la
consternación entre las autoridades del campo, provocó la admiración y el
respeto de los presos", (Sobolewski). "En el campo casi no se notaban manifestaciones de
amor al prójimo. Un preso rehusaba a otro un mendrugo de pan. En cambio, el
había dado su vida por un desconocido" (Dr. Stemler) El sol se estaba
hundiendo en el horizonte detrás de las tétricas alambradas. El cielo estaba
tomando los colores rojos de los mártires. "Fue una magnifica puesta del
sol, una puesta nunca vista", relatan los pocos supervivientes de esa
tarde de fines de julio de 1941. Entre el odio brilló mas fuerte el
amor que la Virgen nos concede. "No hay amor mas grande que dar
la vida por un amigo" (San Jn
15:13) . Los diez condenados al hambre y la sed bajan al sótano de
la muerte del que solo salen cadáveres directamente al crematorio.
Bruno Borgowiec, un polaco encargado de
retirar los cadáveres, dio su testimonio: "Después de haber ordenado a los
pobres presos que se desnudaran completamente, los empujaron en una celda. En
otras celdas vecinas ya se hallaban otros veinte de anteriores procesos.
Cerrando la puerta, los guardias sarcásticamente decían: "Ahí se van a
secar como cascaras". Desde ese día los infelices no tuvieron ni alimentos
ni bebidas" "Diariamente, los guardias inspeccionaban y
ordenaban retirar los cadáveres de las celdas. Durante estas visitas estuve
siempre presente, porque debía escribir los nombres-números de los muertos, o
traducir del polaco al alemán las conversaciones y los pedidos de los
presos. "Desde las celdas donde estaban los infelices, se oían
diariamente las oraciones recitadas en voz alta, el rosario y los cantos
religiosos, a los que se asociaban los presos de las otras celdas. En los
momentos de ausencia de los guardias yo bajaba al sótano para conversas y consolar
a los compañeros. Loas fervorosas oraciones y cantos a la Virgen se difundían
por todo el sótano. Me parecía estar en una iglesia. Comenzaba el P.
Maximiliano y todos los otros respondían. A veces estaban tan sumergidos en las
oraciones, que no se daban cuenta de la llegada de los guardias para la
acostumbrada visita. Sólo a los gritos de estos, las voces se
apagaban. "Al abrir las celdas, los pobres infelices, llorando
a lágrima viva, imploraban un trozo de pan y agua, pero les era negado. Si
alguno de entre los más fuertes se acercaba a la puerta, en seguida recibía de
los guardias patadas al vientre, tanto que cayendo atrás sobre el cemento,
moría en el acto o era fusilado. "Del martirio que han debido
padecer los pobres condenados a una muerte tan atroz, da testimonio el hecho de
que los cubos estaban siempre vacíos y secos. De lo cual hay que concluir que
los desgraciados, a causa de la sed, tomaban la propia orina".
"El P. Maximiliano se comportaba heroicamente. Nada pedía y de nada se
quejaba. Daba animo a los demás. Persuadía a los presos a esperar de que el
fugitivo sería hallado y ellos serían liberados. "Por su
debilidad recitaba las oraciones en voz baja. Durante toda visita, cuando ya
casi todos estaban echados sobre el pavimento, se veía al P. Maximiliano de pie
o de rodillas en el centro, mirando con ojos serenos a los llegados. Los
guardias conocían su sacrificio, sabían también que todos los que estaban con
el morían inocentemente. Por esto, manifestando respeto por el P. Kolbe, decían entre si:
"Este sacerdote es todo un caballero. ¡Hasta ahora no hemos visto nada
semejante!". Así pasaron dos semanas, mientras tanto los
presos morían uno tras otro. Al termino de la tercera semana, solo quedaban
cuatro, el P. Kolbe entre ellos. A
las autoridades pareció que las cosas se alargaban demasiado. La celda era
necesaria para otras víctimas. "Por esto, un día, el 14 de agosto,
condujeron al director de la sala de enfermos, el criminal Boch, el cual propino
a cada uno una inyección endovenosa de ácido fénico. El P. Kolbe, con la plegaria en los
labios, el mismo ofreció el brazo al verdugo. "Partidos los
guardias con el verdugo, volví a la celda donde encontré al P. Kolbe sentado", narra Borgowiec, "recostado en la
pared, con los ojos abiertos y concentrados en un punto y la cabeza reclinada
hacia la izquierda (era su posición habitual). Su cuerpo limpio y luminoso. Su
rostro lucia sereno y bello, radiante, mientras los demás muertos estaban
tendidos sobre el pavimento, sucios y con los signos de la agonía en el
rostro. "En el campo por meses se recordó el heroico acto del
sacerdote. Durante cada ejecución se recordaba el nombre de Maximiliano Kolbe. "La
impresión del hecho se me grabó eternamente en la memoria". La
Inmaculada se lo llevó la víspera de su gran fiesta: La Asunción. Moría un
santo sacerdote en Auschwitz, mártir por Dios, de la
Virgen y por un padre de familia. El padre Kolbe
venció al mal con el poder del amor. Murió tranquilo, rezando hasta el último
momento. Según el certificado de defunción del campo, P. Maximiliano María Kolbe falleció a las 12:50 del
14 de agosto de 1941. Tenia 47 años." El día siguiente, 15 de
agosto, el cadáver del P. Kolbe
fue llevado al horno crematorio. Cinco meses antes en la misma mañana del
arresto, el P. Maximiliano María Kolbe
así escribía en su agenda personal (02-17-1941): "La
Inmaculada, que había sido todo el poema de su vida, la luz de su inteligencia
y de su genio, el latido de su corazón, la llama de su apostolado, el éxtasis
de su plegaria, su inspiradora y guía, su fortaleza y su sonrisa, la Reina de
sus "ciudades" y la Dama de sus caballeros, en breve la vida de su
vida; Ella quiso, arrebatárselo en luz de gloria entre los ángeles que
festejaban su supremo triunfo". Cumplió su deseo máximo:
"Concédeme alabarte, Virgen Santa, concédeme alabarte con mi sacrificio.
Concédeme por ti, solo por ti, vivir, trabajar, sufrir, gastarme,
morir..." San Maximiliano se encontró en medio de un gran
choque espiritual en la batalla que se libra en el mundo entre la Inmaculada
Virgen María y Satanás. El supo dar la talla y vencer con las armas del amor.
Como respuesta a la brutalidad del trato de los guardias de la prisión, San.
Maximiliano era siempre obediente, manso y lleno de perdón. Aconsejaba a todos
sus compañeros de prisión a confiar en la Inmaculada: "¡Perdonen!",
"Amen a sus enemigos y oren por los que os persiguen". . Es una
batalla que ahora, con su ejemplo e intercesión debemos nosotros
luchar. El 17 de Octubre de 1971, luego de dos milagros obtenidos
gracias a su intercesión, el Padre Maximiliano Kolbe fue beatificado por el Papa Paulo
VI. En su mensaje el Papa proclamó: "Maximiliano Kolbe ha sido un apóstol del
culto a la Virgen, contemplada en su primer, originario y privilegiado
esplendor, el de su propia definición en Lourdes: "LA INMACULADA
CONCEPCION. Resulta imposible separar el nombre, la actividad, la misión del
Beato Kolbe, del nombre de María
Inmaculada....Ningún titubeo estorbe nuestra admiración, nuestra adhesión a esa
consigna que el Beato nos deja en herencia" Un compatriota
suyo, el Papa Juan Pablo II lo canonizó en 1982: Mártir de la caridad. El mismo
Papa sufrió mucho en la misma guerra y Dios lo libró de la muerte para que
pueda ser testigo de la victoria de la Inmaculada en San Maximiliano Kolbe.
TESTIGOS DE AMOR
Testigos de amor
de Cristo Señor,
mártires santos.
Rosales en flor
de Cristo el olor,
mártires santos.
Palabras en luz
de Cristo Jesús,
mártires santos.
Corona inmortal
del Cristo total,
mártires santos. Amén.
Oh Dios, que a san Maximiliano María, apóstol de la Inmaculada y ejemplo de caridad hacia el prójimo, le infundiste un deseo ardiente de la salvación de los hombres, concédenos, por su intercesión, poder trabajar generosamente por tu gloria y por la salvación de los hombres hasta dar nuestra propia vida, como lo hizo tu Hijo. Él, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
Amén
OOOOOOOOOOOOO
jueves 14 Agosto 2014
San Simpliciano
San Simpliciano, abad. Uno de los varones más sabios del s. IV en Italia, discípulo del retórico Victorino.
Padre espiritual de San Ambrosio, y a quien amaba verdaderamente como a tal, dice de él San Agustín: "Padre espiritual de mi propia alma", escribe en otra parte el mismo San Agustín, "porque él fue quien me enseñó a Cristo".
Aunque de mucha más edad que San Ambrosio, le sucedió en la silla de Milán, que gobernó cuatro años, muriendo en 400. San Ambrosio y San Agustín le dirigieron muchas epístolas. San Simpliciano, a su vez, contribuyó con las suyas a la conversión del doctor de Hipona.
OOOOOOOOOOOOOOOO
jueves 14 Agosto 2014
San Arnulfo de Soissons
San Arnulfo de Soissons, monje y obispo
En Altenburg (Oudenburg), en Flandes, muerte de san Arnulfo, obispo de Soissons, que, se hizo monje después de haber sido soldado y, elevado al episcopado, se esforzó siempre por la paz y la concordia, y murió, finalmente, en el monasterio que él mismo había fundado.
Arnulfo nació en Flandes hacia 1040. En su juventud, se distinguió en los ejércitos de Roberto y Enrique I de Francia. Pero Dios le llamó a una batalla más noble, y Arnulfo decidió consagrar a su Creador las energías que hasta entonces había empleado en el servicio de los hombres. Ingresó, por lo tanto, en el gran monasterio de San Medardo de Soissons. Después de ejercitar su virtud en la vida comunitaria, se enclaustró en una estrecha celda en la más estricta soledad y se entregó asiduamente a la oración y penitencia. En esta forma de vida prosiguió hasta que fue llamado a ejercer el cargo de abad del monasterio. En 1081, a instancias del clero y del pueblo, un concilio le eligió obispo de Soissons. Amoldo dijo a los mensajeros que fueron a anunciarle la noticia: «Dejad a este pecador ofrecer a Dios algunos frutos de penitencia; no obliguéis a un insensato como yo a ocupar un cargo que exige tanta prudencia». A pesar de su resistencia, se vio obligado a aceptar la sede.
Desde el primer momento se consagró con gran celo al cumplimiento de su deber, pero, al ser arrojado de su diócesis por un usurpador, obtuvo permiso para renunciar a su cargo. Más tarde, fundó un monasterio en Oudenburg, en Flandes, donde murió en 1087. En un sínodo que tuvo lugar en Beauvais en 1120, el obispo que ocupaba entonces la sede de Soissons presentó una biografía de san Amoldo a la asamblea y pidió que su cuerpo fuese trasladado a la iglesia, diciendo: «Si el cuerpo de mi predecesor estuviese en mi diócesis, tiempo ha que lo hubiéramos trasladado del atrio al interior de la iglesia». Al año siguiente, se efectuó la translación de los restos del santo a la iglesia abacial de Oudenburg.
Los bolandistas y Mabillon editaron la biografía escrita por Hariulfo; pero es mejor la edición crítica que se encuentra en MGH., Scriptores, vol. XV, pte. 2, pp. 872-904. Ver también E. de Moreau, Histoire de l´Eglise en Belgique, vol. II (1945), pp. 433-437.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
jueves 14 Agosto 2014
San Simpliciano
San Simpliciano, abad. Uno de los varones más sabios del s. IV en Italia, discípulo del retórico Victorino.
Padre espiritual de San Ambrosio, y a quien amaba verdaderamente como a tal, dice de él San Agustín: "Padre espiritual de mi propia alma", escribe en otra parte el mismo San Agustín, "porque él fue quien me enseñó a Cristo".
Aunque de mucha más edad que San Ambrosio, le sucedió en la silla de Milán, que gobernó cuatro años, muriendo en 400. San Ambrosio y San Agustín le dirigieron muchas epístolas. San Simpliciano, a su vez, contribuyó con las suyas a la conversión del doctor de Hipona.
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San Arnulfo de Soissons
San Arnulfo de Soissons, monje y obispo
En Altenburg (Oudenburg), en Flandes, muerte de san Arnulfo, obispo de Soissons, que, se hizo monje después de haber sido soldado y, elevado al episcopado, se esforzó siempre por la paz y la concordia, y murió, finalmente, en el monasterio que él mismo había fundado.
Arnulfo nació en Flandes hacia 1040. En su juventud, se distinguió en los ejércitos de Roberto y Enrique I de Francia. Pero Dios le llamó a una batalla más noble, y Arnulfo decidió consagrar a su Creador las energías que hasta entonces había empleado en el servicio de los hombres. Ingresó, por lo tanto, en el gran monasterio de San Medardo de Soissons. Después de ejercitar su virtud en la vida comunitaria, se enclaustró en una estrecha celda en la más estricta soledad y se entregó asiduamente a la oración y penitencia. En esta forma de vida prosiguió hasta que fue llamado a ejercer el cargo de abad del monasterio. En 1081, a instancias del clero y del pueblo, un concilio le eligió obispo de Soissons. Amoldo dijo a los mensajeros que fueron a anunciarle la noticia: «Dejad a este pecador ofrecer a Dios algunos frutos de penitencia; no obliguéis a un insensato como yo a ocupar un cargo que exige tanta prudencia». A pesar de su resistencia, se vio obligado a aceptar la sede.
Desde el primer momento se consagró con gran celo al cumplimiento de su deber, pero, al ser arrojado de su diócesis por un usurpador, obtuvo permiso para renunciar a su cargo. Más tarde, fundó un monasterio en Oudenburg, en Flandes, donde murió en 1087. En un sínodo que tuvo lugar en Beauvais en 1120, el obispo que ocupaba entonces la sede de Soissons presentó una biografía de san Amoldo a la asamblea y pidió que su cuerpo fuese trasladado a la iglesia, diciendo: «Si el cuerpo de mi predecesor estuviese en mi diócesis, tiempo ha que lo hubiéramos trasladado del atrio al interior de la iglesia». Al año siguiente, se efectuó la translación de los restos del santo a la iglesia abacial de Oudenburg.
Los bolandistas y Mabillon editaron la biografía escrita por Hariulfo; pero es mejor la edición crítica que se encuentra en MGH., Scriptores, vol. XV, pte. 2, pp. 872-904. Ver también E. de Moreau, Histoire de l´Eglise en Belgique, vol. II (1945), pp. 433-437.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston, SI
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Santo(s)
del día
San
Maximiliano Kolbe
San Eusebio Roma
San Ursicio
San Demetrio África
San Marcelo Apamea
San Calixto
Santa Anastasia Grecia
Beato Eberardo Einsieden
Beato Alano
San Simpliciano
San Marcelo de Apamea
San Eusebio de Roma
San Facanano de Ross
San Arnulfo de Soissons
Beato Sante de Urbino Brancoisini
Beato Antonio Primaldo
Santo Domingo Ibáñez de Erquicia
Beata Isabel Renzi
Beato Vicente Rubiols Castelló
Beato Félix Yuste Cava
San Eusebio Roma
San Ursicio
San Demetrio África
San Marcelo Apamea
San Calixto
Santa Anastasia Grecia
Beato Eberardo Einsieden
Beato Alano
San Simpliciano
San Marcelo de Apamea
San Eusebio de Roma
San Facanano de Ross
San Arnulfo de Soissons
Beato Sante de Urbino Brancoisini
Beato Antonio Primaldo
Santo Domingo Ibáñez de Erquicia
Beata Isabel Renzi
Beato Vicente Rubiols Castelló
Beato Félix Yuste Cava
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