domingo
03 Agosto 2014
Beato
Agustín Kazotic
Beato Agustín Kazotic, obispo
En Lucera, en la Apulia,
beato Agustín Kazotic, obispo, de la orden de
Predicadores, que en un principio estuvo al frente de la Iglesia de Zagreb y,
posteriormente, por la hostilidad del rey de Dalmacia, asumió la sede de
Lucera, donde desarrolló una gran obra de ayuda en favor de los pobres y los necesitados.
Agustín Gazotic (o Kazotic) nació en Trogir, ciudad de la Dalmacia,
hacia el año 1260. Tomó el hábito de los frailes predicadores antes de cumplir
los veinte años. Después de la profesión, fue enviado a estudiar en la
Universidad de París. Durante el viaje a la ciudad, estuvo a punto de perecer, ya
que al cruzar por el distrito de Pavía, Agustín y su compañero, el hermano
Jaime, fueron víctimas de un asalto. Los bandoleros dieron muerte al hermano
Jaime y Agustín recibió heridas de las que tardó varias semanas en reponerse.
El beato predicó con gran fruto a sus compatriotas. También fundó en su patria
varios conventos de su orden, a los que dio por lema las palabras de san
Agustín: «Desde que estoy al servicio de Dios no he conocido hombres más buenos
que los monjes que viven santamente, pero tampoco he conocido hombres más malos
que los monjes que no viven como debieran». Después de predicar en Bosnia e
Italia numerosas misiones, en las que demostró su gran caridad y prudencia, fue
enviado a trabajar en Hungría, donde las constantes guerras civiles habían
sembrado la miseria material y moral. Ahí conoció al cardenal Nicolás Boccasini, legado pontificio, quien
sería más tarde Papa con el nombre de Benedicto XI. Cuando el cardenal Boccasini ciñó la tiara, en 1303,
mandó llamar al beato Agustín y le consagró obispo de Zagreb, en Croacia.
El clero y toda la diócesis
de Zagreb necesitaban urgentemente una reforma. El beato reunió varios sínodos
disciplinares, cuyos cánones puso en ejecución en frecuentes visitas pastorales
y fomentó las ciencias sagradas y el estudio de la Biblia mediante la fundación
de un convento de la Orden de Santo Domingo. Además, asistió al Concilio
ecuménico de Vienne (1311-12) . A su retorno, sufrió la persecución del
gobernador de Dalmacia, Miladino, contra cuya tiranía y
exacciones había protestado. El beato poseía en grado extraordinario el don de
curar a los enfermos. Según se dice, curó el reumatismo de las manos que
aquejaba a Benedicto XI cuando éste le confirió la consagración episcopal. También
se cuenta una divertida historia acerca del modo como trató de deshacerse de
quienes acudían a él para que los curase: después de plantar un limonero, dijo
a las gentes que las hojas de ese árbol poseían más propiedades curativas que
sus manos. Dios y los cristianos le tomaron la palabra, y aun los turcos
respetaron el árbol milagroso cuando invadieron la región.
Tras de regir durante
catorce años la diócesis de Zagreb, el beato fue trasladado a la sede de Lucera
en la provincia de Benevento. Ahí trabajó con todas sus fuerzas por desarraigar
la corrupción moral y religiosa que los sarracenos habían dejado tras de sí.
Casi todos los musulmanes que quedaban en la ciudad, en 1300, se convirtieron
de golpe. El rey Roberto de Nápoles le apoyó ardientemente y dotó a un convento
de dominicos quienes colaboraron celosamente con su obispo, de manera que en
cinco años, se produjo un cambio radical en la región. Desde los miembros de la
familia real hasta el último de los fieles, todos veneraban al beato Agustín.
Su muerte ocurrió el 3 de agosto de 1323. Su culto fue oficialmente confirmado
en 1702.
La principal fuente es una
biografía latina escrita apenas en el siglo XVII por Tomás Marnavie, obispo de Bosnia. Dicho
autor afirma que el apellido del beato era Guzottus. La obra puede verse en Acta Sanctoram, agosto, vol. I.
fuente: «Vidas de los santos de A. Butler», Herbert Thurston,
SI
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domingo
03 Agosto 2014
Beato Alfonso López López
Beatos Alfonso López López y Miguel Ramón Salvador, presbíteros y mártires
En el pueblo de Samalús, cerca de Barcelona,
también en España, beatos mártires Alfonso López López, presbítero, y Miguel Remón
Salvador, ambos religiosos de la Orden de los Hermanos Menores Conventuales,
que en la misma persecución recibieron la corona del martirio por dar
testimonio de Cristo.
El 3 de agosto de 1936
fueron fusilados en Samalús, provincia de Barcelona,
tres religiosos franciscanos conventuales, de los cuales uno sobrevivió, siendo
los otros dos declarados mártires y beatificados por el papa Juan Pablo II el
11 de marzo de 2001 en la ceremonia conjunta de los 233 mártires de la
persecución religiosa en Valencia de los años 1936-1939.
Alfonso López López nació en Secorún, provincia de Huesca, el
16 de noviembre de 1878. Educado cristianamente, era un joven piadoso cuando
decidió su vocación religiosa ingresando en Granollers, en 1906, en la Orden de los franciscanos conventuales,
donde hizo el noviciado y pronunció los votos religiosos. Para los estudios
eclesiásticos fue enviado a Osimo,
Italia, y fue ordenado sacerdote el año 1911. Se le envió entonces al santuario
de la Santa Casa de Loreto para ejercer fundamentalmente la labor de confesor,
donde hizo la profesión solemne y aquí estuvo hasta 1915 en que volvió a Granollers como docente y director
espiritual. Se distinguió siempre por su virtud, particularmente por su amor a
Dios y al prójimo y asimismo por su tierna devoción a la Virgen María. Fue un
óptimo formador de los aspirantes a la vida religiosa, a los que animaba sobre
todo con su ejemplo.
Miguel Remón Salvador nació
en Caudé, provincia de Teruel, el
17 de septiembre de 1907 en el seno de una familia cristiana. Educado
piadosamente, en 1925 se decidió por la vida religiosa e ingresó en el convento
de los franciscanos conventuales de Granollers. Hecho el noviciado, profesó los votos religiosos en calidad
de hermano laico. Enviado a Italia, al Santuario de la Santa Casa de Loreto,
emitió allí, en 1933, sus votos solemnes y permaneció varios años prestando
diferentes servicios en la basílica. Regresó a Granollers en 1934 para ejercer los
oficios que se le encomendaron, en los que siempre se mostró laborioso, afable
y pacífico.
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domingo
03 Agosto 2014
Santa Lidia (S.I)
Su familia fue la primera en Europa en convertirse al cristianismo y ser bautizada.-
Lidia era una comerciante
de púrpuras.
Eso podría no significar
mucho para nosotros hoy en día, pero en el siglo primero eso significaba que
era una mujer muy rica.
Dado que el tinte de la
púrpura se extraía con muchas dificultades de cierto molusco, sólo una elite
podía permitirse tener telas teñidas de ese color. Una mercader que vendiera
ese tinte tan extremadamente costoso era rica, se mirase como se mirase.
La riqueza se cita a menudo
como uno de los principales obstáculos al crecimiento espiritual. Se nos
advierte que «es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que
para un rico entrar en el Reino de los Cielos».
No hay indicaciones de que
Lidia abandonara su negocio tras convertirse al cristianismo. Pero hay muchas
pruebas de que utilizó su fortuna sabiamente.
Entendió que el valor real
de la riqueza reside en el modo en que la usas, no en cuánto tienes.
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_14_ Santo(s)
del día
Beato
Agustín Kazotic
Santa Lidia (S.I)
San Pedro de Anagni
San Asprenato de Nápoles
San Martín de Másico
Beato Alfonso López López
Beato Francisco Bandrés Sánchez
San Hermelo Constantinopla
San Eufronio de Autun
San Pedro de Anagni
Santas Marana y Cira
San Dalmacio de Constantinopla
Beato Bennon de Estrasburgo
Beato Godofredo II
Santa Lidia (S.I)
San Pedro de Anagni
San Asprenato de Nápoles
San Martín de Másico
Beato Alfonso López López
Beato Francisco Bandrés Sánchez
San Hermelo Constantinopla
San Eufronio de Autun
San Pedro de Anagni
Santas Marana y Cira
San Dalmacio de Constantinopla
Beato Bennon de Estrasburgo
Beato Godofredo II
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