lunes 17
Noviembre 2014
Beato Kocylovskyj
En la ciudad de Capaivca, en el territorio de Kiev, en Ucrania, beato Josafat Kocylovskyj, obispo de Przemysl y mártir, que durante la opresión a su patria por un régimen enemigo de Dios, entregó su alma como fiel discípulo de Cristo.
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lunes 17
Noviembre 2014
San Roque González
San Roque de Santa Cruz y
Compañeros Mártires; nacido en Asunción, Paraguay, en 1576. Desde joven
demostró una gran piedad ya que a los 14 años dirigió una procesión por el
bosque en honor a la Eucaristía.Fue ordenado sacerdote a la
edad de 22 años y poco después nombrado párroco de la catedral de Asunción por
el Obispo Martín Ignacio de Loyola.
El 9 de mayo de 1609 San
Roque entró en la Compañía de Jesús y dos años mas tarde fue nombrado superior
de la primera Reducción de Paraguay, San Ignacio Guazú. El deseo de llevar el
evangelio a todo el mundo lo animaba a seguir adelante. El 22 de marzo de 1615
fundó una reducción en Itapúa (actual ciudad de Argentina de Posadas) la cual
pronto se trasladó a la otra orilla del río, en lo que es hoy Encarnación,
Paraguay.
Gran amante de la Virgen
María. Con ella conquistaba corazones para Cristo. Por eso le llamaba "conquistadora".Se cuenta que muchas veces
con solo levantar el cuadro de la imagen de nuestra Señora, los indios
admiraban la belleza de María y sin pronunciar palabras se convertían.
El 15 de noviembre de 1628,
celebró la Santa Misa cerca de Caaró
(hoy día en Brasil), donde se planeaba una nueva reducción. Allí fue asesinado
por un cacique llamado Nezú. Los asaltantes quemaron
su cuerpo pero, milagrosamente, quedó intacto el corazón. Para gran asombro de
los asesinos, el corazón del santo les habló haciéndoles ver lo que habían
hecho e invitándoles al arrepentimiento. Este corazón tan lleno del amor divino
para todos los hombres, se mantuvo incorrupto. Cinco años mas tarde fue llevado
a Roma junto con el instrumento del martirio: un hacha de piedra.
El corazón de San Roque y
el hacha fueron trasladado a Paraguay en 1960 tras una breve estancia en
Argentina. Ahora están expuestos en la Capilla de los Mártires en el colegio de
Cristo Rey, Asunción, Paraguay. En la misma capilla hay una placa con los nombres
de 23 misioneros jesuitas martirizados en la región.
Es de notar que ninguno
murió a manos de los indios guaraníes de las Reducciones sino por miembros de
otras tribus que no les conocían o de los "paulistas".Estos últimos eran cazadores de
esclavos procedentes de San Paulo, Brasil, que tenían a los padres por enemigos
por su defensa de los indios.
En 1931 Roque de Santa Cruz
y sus dos compañeros mártires, Alonso Rodríguez y Juan del Castillo, fueron
beatificados. San Roque fue canonizado por Su Santidad Juan Pablo II en su
visita al Paraguay, en la ciudad de Asunción, Mayo de 1988.
Oremos
Dios todopoderoso y eterno, que diste a los santos mártires San Roque y compañeros la valentía de aceptar la muerte por el nombre de Cristo: concede también tu fuerza a nuestra debilidad para que, a ejemplo de aquellos que no dudaron en morir por ti, nosotros sepamos también ser fuertes, confesando tu nombre con nuestras vidas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
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lunes 17
Noviembre 2014
Su vida ha sido entretejida
de leyendas, fruto de la veneración, de la admiración y de la fantasía, que
plasman facetas importantes de su personalidad. Pero nos interesa más la
historia que se esconde detrás de las leyendas. Queremos conocer su personalidad,
su genio, su santidad única y provocativa. Las leyendas que envuelven su
persona son los colores vivos de su imagen, son la metáfora de los hechos; no
las podemos tampoco desechar.
¿Quién fue Isabel? Una
princesa de Hungría que nació en 1207, hija del rey Andrés II y de Gertrudis de
Andechs-Merano. Según la tradición
húngara, nació en el castillo de Sárospatak, uno de los preferidos por la familia real, al norte de
Hungría. Como fecha, la tradición suele indicar el 7 de julio. Podemos retener
como seguro sólo el año.
Siguiendo los usos vigentes
entre la nobleza medieval, Isabel fue prometida como esposa a un príncipe
alemán de Turingia. A la edad de cuatro años (1211), fue confiada a la
delegación germana que fue a recogerla en Presburgo, entonces la plaza fuerte
más occidental del reino de Hungría.
Fue educada en la corte de
Turingia, junto a los otros hijos de la familia condal y junto al que sería su
esposo, como era costumbre entonces. Se casó a los catorce años con Luis IV,
landgrave o gran conde de Turingia. Tuvo tres hijos. Enviudó a los veinte años.
Murió a los 24, en 1231. Fue canonizada por Gregorio IX en 1235. Un récord de
vida densa y crucificada, para escalar la santidad más elevada y ser propuesta
como ejemplo imperecedero de abnegación y entrega.
Hay un malentendido
arraigado entre el pueblo cristiano, debido a las leyendas y biografías
populares poco rigurosas, que sostienen que Isabel fue reina de Hungría. Pues
bien, jamás fue reina ni de Hungría ni de Turingia, sino princesa de Hungría ygran condesa o landgrave de Turingia, en
Alemania. Tradicionalmente se representa a Isabel con una corona que usaba no
como reina, sino como princesa o gran condesa.
Las compañeras y doncellas
de Isabel nos cuentan que su peregrinación hacia Dios empezó en la tierna
infancia: sus juegos, sus ilusiones, sus oraciones apuntan desde sus primeros
años hacia un más allá.
En 1221, a los 14 años, se
casó con el landgrave Luis IV de Turingia. Luis e Isabel habían crecido juntos
y se trataban como hermanos. La boda tuvo lugar en la iglesia de San Jorge de
Eisenach.
Hasta 1227, Isabel fue
ejemplar esposa, madre y landgrave o gran
condesa de
Turingia, una de las mujeres de más alta alcurnia del imperio.
Las relaciones
matrimoniales entre ellos no fueron según el estilo común de la época, de
ordinario marcadas por razones políticas o de conveniencia, sino de afecto
auténtico, conyugal y fraterno.
De casada, Isabel dedicaba
mucho tiempo a la oración en las altas horas de la noche, en la misma cámara
matrimonial. Sabía que se debía a Luis totalmente, pero había oído ya la
invitación del "otro esposo": "Sígueme". De este amor con
dos vertientes manaba, sin embargo, un profundo gozo y plena satisfacción, no
el conflicto de una escisión interior. Dios era el valor supremo e
incondicional que alentaba todos los otros amores al esposo, a los hijos, a los
pobres.
El milagro de las rosas que
ha tejido la leyenda, no expresa bien estas relaciones matrimoniales. Cuando
Isabel se vio sorprendida por su esposo con la falda cargada de panes, no tenía
motivo alguno para esconder sus propósitos misericordiosos al marido. No tenía
razón de ser que aquellos panes se convirtieran en rosas. Dios no hace milagros
inútiles.
Isabel tuvo tres hijos:
Germán, el heredero del trono, Sofía y Gertrudis; ésta última nació cuando ya
había muerto su esposo (1227), víctima de la peste, como cruzado camino de
Tierra Santa. Ella contaba solamente 20 años.
Con la muerte de Luis,
murió también la gran condesa y se acentuó la hermana penitente. Se discute
entre los biógrafos si fue echada del castillo de Wartburgo o se marchó. La respuesta
a su soledad y al abandono fue el canto de agradecimiento que pidió entonar en
la capilla de los Franciscanos, el Te Deum.
Isabel de Hungría es la
figura femenina que más genuinamente encarna el espíritu penitencial de
Francisco. Había ya numerosos penitentes franciscanos; muchos hombres y mujeres
del pueblo seguían la vida penitencial marcada por san Francisco y predicada por
sus frailes.
Los hermanos menores
llegaron a Eisenach, la capital de Turingia, a finales de 1224 o principios de
1225. En el castillo de Wartburgo residía la corte del gran
ducado, presidida por Luis e Isabel.
La predicación de los
frailes menores entre el pueblo, predicación que habían aprendido de Francisco
de Asís, consistía en exhortar a la vida de penitencia, es decir, a abandonar
la vida mundana, a practicar la oración y la mortificación, y a ejercitarse en
las obras de misericordia. Este estilo de vida lo describe Francisco en
la Carta a todos los fieles penitentes.
Un tal fray Rodrigo
introdujo en la vida de penitencia a Isabel, ya predispuesta para los valores
del espíritu. Los testimonios de su franciscanismo, que aparecen en las fuentes isabelinas, son innegables:
-- Consta que Isabel cedió
a los frailes franciscanos una capilla en Eisenach.
-- También, que hilaba lana
para el sayal de los frailes menores.
-- Cuando fue expulsada de
su castillo, sola y abandonada, acudió a los Franciscanos para que cantaran
un Te Deum en
acción de gracias a Dios.
-- El Viernes Santo día 24
de marzo de 1228, puestas las manos sobre el altar desnudo, hizo profesión
pública en la capilla franciscana. Asumió el hábito gris de penitente como
signo externo.
-- Las cuatro doncellas,
interrogadas en el proceso de canonización, también tomaron este hábito gris.
Esta "túnica vil", con la que Isabel quiso ser sepultada, significaba
que la profesión religiosa le había conferido una nueva identidad.
-- El hospital que fundó en
Marburgo (1229) lo puso bajo la
protección de san Francisco, canonizado pocos meses antes.
-- El autor anónimo
cisterciense de Zwettl (1236), afirma que
"vistió el hábito gris de los Frailes Menores".
El empeño demostrado por
Isabel en vivir la pobreza, regalarlo todo y dedicarse a la mendicidad, ¿no
eran las exigencias de Francisco a sus seguidores?
Estos testimonios vienen
corroborados por otras fuentes que ilustran la vida penitencial de Isabel,
tales como las reglas y otros documentos franciscanos, elMemoriale propositi o regla antigua de
los penitentes, las semejanzas o conformidades entre Isabel y Francisco.
En las fuentes biográficas
encontramos dos profesiones de Isabel y dos maneras de hacer la profesión que
estaban en uso entonces. Con la primera entró en la Orden de la Penitencia,
todavía en vida de su esposo. Con sus manos en las manos del visitador, Conrado
de Marburgo, prometió obediencia y
continencia. Conrado era un predicador de la cruzada, pobre y austero,
probablemente sacerdote secular. Isabel, con el consentimiento de Luis, lo
eligió personalmente porque era pobre. Los visitadores no tenían que ser
necesariamente franciscanos. San Francisco, en la Regla no bulada (1221), ordena que
"ninguna mujer en absoluto sea recibida a la obediencia por algún hermano,
sino que, una vez aconsejada espiritualmente, haga penitencia donde
quiera" (1 R 12).
Con Isabel profesaron
además tres de sus doncellas o compañeras, que formaron una pequeña fraternidad
de oración y vida ascética bajo la guía de su superior-visitador Conrado.
Después de la muerte de
Luis su esposo, las doncellas acompañaron a Isabel en su exilio del castillo
hacia el reino de los pobres. Fueron su aliento en las horas amargas de soledad
y abandono. Junto con ella emitieron una segunda profesión pública el Viernes
Santo de 1228, viniendo a formar así una fraternidad religiosa. Sus doncellas
recibieron como ella el hábito gris y se empeñaron en el mismo propósito de
testimoniar la misericordia de Dios; comían y trabajaban juntas, salían juntas
a visitar las casas de los pobres o a buscar alimentos para repartirlos a los
necesitados. Al regresar, se ponían a orar.
Se trataba de una verdadera
vida religiosa para mujeres profesas, sin clausura estricta y dedicadas a una
labor social: servicio a los pobres, marginados, enfermos, peregrinos... Era
una forma de vida consagrada en el mundo.
Pero la aprobación canónica
de semejante estilo de vida comunitaria femenina, sin clausura estricta, tuvo
que esperar siglos para ser reconocido por la Iglesia. La vida en el monasterio
era entonces la única forma canónica admitida por la Iglesia para las
comunidades religiosas de mujeres.
Isabel, sin duda, supo
coordinar ambas dimensiones de vida, la de la intimidad con Dios y la del
servicio activo a los pobres: "Mariam induit, Martham non exuit", vistió el hábito de María, pero no se despojó del de Marta.
Hoy las congregaciones
femeninas de la TOR son unas 400, con más de cien mil religiosas profesas, que
siguen las huellas de Isabel en la vida activa y contemplativa, y pueden
llamarse sus herederas.
La breve vida de Isabel
está saturada de servicio amoroso, de gozo y de sufrimiento. Su prodigalidad y
trato con los indigentes provocaba escándalo en la corte de Wartburgo; no encajaba en su medio.
Muchos vasallos la tenían como una loca. Aquí encontró una de sus grandes
cruces: vivió crucificada en la sociedad a la que pertenecía y entre aquellos
que desconocían la misericordia.
En el ejercicio pleno de su
autoridad, cuando era todavía la gran condesa y en ausencia de su marido, tuvo
que afrontar la emergencia de una carestía general que hundió al país en el
hambre. No dudó en vaciar los graneros del condado para socorrer a los menesterosos.
Isabel servía personalmente a los débiles, los pobres y los enfermos. Cuidó
leprosos, la escoria de la sociedad, como Francisco. Día tras día, hora tras
hora, pobre con los pobres, vivió y ejerció la misericordia de Dios en el río
de dolor y de miseria que la envolvía.
En los desventurados Isabel
veía la persona de Cristo (Mt 25,40). Esto le dio fuerza para vencer su
repugnancia natural, tanto que llegó a besar las heridas purulentas de los
leprosos.
Pero Isabel no sólo usó del
corazón, sino también de la inteligencia en su obra asistencial. Sabía que la
caridad institucionalizada es más efectiva y duradera. En vida de su marido,
contribuyó en la erección de hospitales en Eisenach y Gotha. Luego construyó el de Marburgo, la obra predilecta de su
viudedad. Para atenderlo fundó una fraternidad religiosa con sus amigas y
doncellas.
Trabajaba con sus propias
manos en la cocina preparando la comida, en el servicio de los indigentes
hospitalizados; fregaba los platos y alejaba las sirvientas cuando éstas se lo
querían impedir. Aprendió a hilar lana y a coser vestidos para los pobres y
para ganarse el sustento.
La santidad aparece en la
historia de la Iglesia como una locura, la locura de la cruz. Y la de Isabel es
una espléndida locura. En su vida brilla con singular esplendor la virtud de la
caridad. Su persona es un canto al amor, compuesto de servicio y abnegación,
volcado a sembrar el bien.
Se propuso vivir el
Evangelio sencillamente, sin glosa diría Francisco, en todos los
aspectos, espiritual y material. No dejó nada escrito, pero numerosos pasajes
de su vida sólo pueden entenderse desde una comprensión literal del Evangelio.
Hizo realidad el programa de vida propuesto por Jesús en el Evangelio:
-- El que pretenda guardar
su vida, la perderá; y el que la pierda por amor a mí o al Evangelio, la
recobrará (Lc 17,33; Mc 8,35).
-- Si alguno quiere venir
en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame (Mc 8,34-35).
-- Si quieres ser perfecto
ve, vende lo que tienes, dáselo a los pobres y sígueme (Mt 19,21).
-- El que ama a su padre,
madre e hijos más que a mí, no puede ser digno de mí (Mt 10,37).
La ardiente fuerza interior
de Isabel brotaba de su relación con Dios. Su oración era intensa, continua, a
veces, hasta el éxtasis. La conciencia constante de la presencia del Señor era
la fuente de su fortaleza y alegría, y de su compromiso con los pobres. Pero
también el encuentro de Cristo en los pobres estimulaba su fe y su oración.
Su peregrinación hacia Dios
está jalonada por gestos decididos de desprendimiento interior hasta llegar al
despojo total, como Cristo en la cruz. Al final de su vida no le quedó para sí
nada más que la túnica gris y pobre de penitencia, que quiso conservar como
símbolo y mortaja.
Isabel irradiaba gozo y
serenidad. El fondo de su alma era el reino de la paz. Vivió realmente la perfecta
alegría enseñada
por Francisco, en la tribulación, en la soledad y en el dolor. "Debemos
hacer felices a las personas", les decía a sus doncellas, sus hermanas.
Isabel pasó por esta vida
como un meteoro luminoso y esperanzador. Hizo resplandecer la luz en el corazón
de muchas almas. Llevó el gozo a los corazones afligidos. Nadie podrá contar
las lágrimas que secó, las heridas que vendó, el amor que supo despertar.
Su santidad fue una novedad
rica en matices y eminentes virtudes. Desde entonces ya no fueron solamente las
mártires o las vírgenes las elevadas al honor de los altares, sino también las
esposas, las madres y las viudas.
Isabel recorrió el camino
del amor cristiano como seglar, en su condición de esposa y de madre; pero,
después de la segunda profesión, fue una mujer plenamente consagrada a Dios y
al alivio de la miseria humana.
La Tercera Orden de san
Francisco, tanto la Regular como la Secular, se propone reavivar la memoria de
su santa Patrona en el octavo centenario de su nacimiento y desea proponerla
como luz y modelo de compromiso evangélico. La Familia Franciscana quiere honrar
a la primera mujer que alcanzó la santidad en el seguimiento de Cristo según la
"forma de vida" de Francisco.
Si evocamos su nacimiento,
su personalidad singular y su sensibilidad, es para que, a través del
conocimiento y de la admiración, también nosotros nos convirtamos en
instrumentos de paz, y aprendamos a verter un poco de bálsamo en las heridas de
los marginados de nuestro tiempo, a humanizar nuestro entorno, a secar algunas
lágrimas. Derramemos la bondad del corazón allá donde falta la misericordia del
Padre. Que el compromiso que vivió Isabel estimule nuestro propio compromiso.
Su ejemplo e intercesión iluminarán nuestro camino hacia el Padre, fuente de
todo amor: el bien, todo bien, sumo bien; la quietud y el gozo.
Fuentes
1. Conrado de Marburgo, Epístola, llamada también Summa Vitae, una síntesis biográfica,
1232.
2. Dicta quatuor ancillarum [Declaraciones de las
cuatro doncellas].
3. Cesáreo de Heisterbach, cisterciense,Vita sancte Elysabeth lantgravie, [Vida de Santa Isabel, gran
condesa] 1236.
4. Anónimo de Zwettl, cisterciense, Vita Sanctae
Elisabeth, Landgravie Thuringiae[Vida de santa Isabel, gran condesa
de Turingia] 1236.
5. Crónica de Reinhardsbrun, monasterio benedictino.
6. Anónimo
Franciscano, Vita beate Elisabeth, [Vida de santa Isabel] de finales del s. XIII.
7. Dietrich de Apolda, dominico, Vita S.
Elisabeth,
[Vida de Sta. Isabel] entre 1289 y 1291.
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lunes 17
Noviembre 2014
San Dionisio Alejandría
San Dionisio, patriarca de Alejandría, 265.
Los griegos le llaman
Dionisio el Grande, y San Atanasio, doctor de la Iglesia católica.
En su juventud se dio con
ardor al estudio de laliteratura profana, y su deseo de
aprender le trajo al conocimiento del Evangelio.
Fue nombrado maestro de la
escuela alejandrina en 231, y en 248 patriarca de la ciudad.
Durante la persecución de
Dacio, sostuvo valerosamente a los mártires, y él mismo, cogido por los
perseguidores, fue libértado por un grupo de paisanos.
Estuvo en comunicación
constante con los pontífices de Roma, condenó el cisma de Novaciano, excomulgó
a Sebelio, combatió contra Pablo de Samosata y refutó el milenarismo,
Aún tenemos algunas cartas y opúsculos suyos.
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