miércoles
12 Noviembre 2014
San Josafat de Polotsk
Memoria de san
Josafat (Juan) Kuncewicz, obispo de Polotsk, en Rutenia, y mártir, que con
ardor incesante impulsó a su pueblo hacia la unidad católica, cultivó con
piadosa dedicación el rito bizantino-eslavo en Witebsk, que entonces estaba bajo la jurisdicción de Polonia,
y, cruelmente perseguido por una chusma enemiga, murió por la unidad de la
Iglesia y la defensa de la verdad católica.
En octubre de 1595,
el metropolitano de los ortodoxos disidentes de Kiev y otros cinco obispos, que
representaban a millones de rutenos (hoy ucranios), hallándose reunidos en
Brest-Litovsk, ciudad de
Lituania, decidieron someterse a la Sede Romana. Las controversias a que ello
dio lugar, provocaron excesos y violencias deplorables.
El gran defensor de
la unidad cristiana, cuya fiesta celebramos hoy, derramó su sangre por la causa
que defendía y fue el protomártir de la reunión de la cristiandad. Pero en la
fecha que acabamos de citar, era todavía niño, ya que había nacido en 1580 o
1584 en Vladimir de Volhinia. Su nombre de
bautismo era Juan. Su padre, que era un católico de buena familia, puso a
estudiar a su hijo en la escuela de su pueblo natal. Después Juan entró a
trabajar como aprendiz en una tienda de Vilna, pero en vista de que el comercio
no le interesaba mayormente, empleaba sus tiempos libres aprendiendo el eslavo
eclesiástico para comprender mejor los divinos oficios y poder recitar
diariamente una parte del largo oficio bizantino. Juan conoció por entonces a
Pedro Arcudius, rector del
colegio oriental de Vilna, así como a los jesuitas Valentín Fabricio y Gregorio
Gruzevsky, quienes se
interesaron por él y le alentaron a seguir adelante. Al principio, el amo de
Juan no veía con muy buenos ojos sus inquietudes religiosas; pero el joven supo
cumplir tan bien con sus obligaciones, que el comerciante acabó por ofrecerle
que se asociase con él y tomase por esposa a una de sus hijas. Juan rehusó
ambas proposiciones, pues estaba decidido a hacerse monje. Efectivamente, en
1604, ingresó en el monasterio de la Santísima Trinidad de Vilna. El santo
indujo también a seguir su ejemplo a José Benjamín Rutsky, un hombre muy
culto, convertido del calvinismo, a quien el papa Clemente VIII había mandado
abrazar, contra su voluntad, el rito bizantino. Los dos jóvenes monjes
empezaron juntos a trazar planes para promover la unión y reformar la
observancia en los monasterios rutenos. Juan Kunsevich, quien desde entonces se llamó Josafat, recibió el
diaconado, después el sacerdocio y pronto adquirió gran fama por sus sermones
sobre la unión con Roma. Su vida personal era muy austera, ya que añadía a las
penitencias acostumbradas en las reglas monásticas del Oriente, otras
mortificaciones tan severas, que en más de una ocasión le merecieron las
críticas aun de los monjes más ascéticos. En el proceso de beatificación el
burgomaestre de Vilna declaró que «no había en el pueblo ningún religioso más
bueno que el P. Josafat». Como el abad del monasterio de la Santísima Trinidad
manifestara su tendencia al separatismo, Juan fue elegido para sustituirle y,
bajo su gobierno, el monasterio se repobló. Ello movió a sus superiores a
retirarle del estudio de los Padres orientales para que fundase otros
monasterios en Polonia. En 1614, Rutsky fue elegido metropolitano de Kiev, y Josafat le
sucedió en el cargo de abad de Vilna. Cuando el nuevo metropolitano fue a tomar
posesión de su catedral, Juan le acompañó en el viaje y aprovechó la ocasión
para visitar el famoso monasterio de las Cuevas de Kiev. Pero la comunidad de
dicho monasterio, que se componía de más de 200 monjes, estaba relajada, y el
reformador católico estuvo a punto de ser arrojado al Dnieper. Aunque sus
esfuerzos por hacer volver a la unidad a la comunidad fracasaron, su ejemplo y
sus exhortaciones consiguieron hacer cambiar un tanto la actitud de los monjes
y situarlos en un plano de buena voluntad.
El arzobispo de Polotsk era entonces un
hombre ya muy anciano que favorecía a los disidentes. En 1617, el P. Josafat
fue consagrado obispo de Vitebsk, con derecho de
sucesión a la sede de Polotsk. Pocos meses
después murió el anciano arzobispo. Así pues, Josafat se halló al frente de una
eparquía tan extensa como
poco fervorosa. Los que practicaban más a fondo la religión se inclinaban al
cisma, pues temían que Roma interfiriese en forma arbitraria con sus ritos y
costumbres. Las iglesias estaban en ruinas y se hallaban en manos de los
laicos. Muchos miembros del clero secular habían contraído matrimonio dos y
hasta tres veces (según el derecho canónico oriental, un hombre casado puede
ordenarse sacerdote, pero, si queda viudo, no puede contraer matrimonio otra
vez; tampoco puede casarse si era soltero en el momento de recibir el
sacerdocio), y la vida monástica estaba en decadencia. Josafat pidió ayuda a
algunos de sus hermanos de Vilna y emprendió la tarea: reunió sínodos en las
ciudades principales, publicó e impuso un texto de catecismo, redactó una serie
de ordenaciones sobre la conducta del clero y combatió la interferencia de los
«señores» en los asuntos de las iglesias locales. A todo ello añadió el ejemplo
de su vida, su celo en la instrucción, la predicación, la administración de sacramentos
y la visita a los pobres, a los enfermos, a los prisioneros y a las aldeas más
remotas. Hacia 1620, prácticamente toda la eparquía era ya sólidamente católica, el orden estaba
restaurado y el ejemplo de aquel puñado de hombres buenos había producido un
renacimiento de la vida cristiana. Pero en ese mismo año se instituyó en el
territorio afectado por el tratado de la Unión de Brest que mencionamos al
inicio, la jerarquía de obispos disidentes. Un tal Melecio Smotritsky fue nombrado
arzobispo de Polotsk y se dedicó
enérgicamente a destruir la obra del arzobispo católico, propagando que Josafat se había «convertido al latinismo», que
iba a obligar a sus fieles a seguir su ejemplo, y que el catolicismo no era la
forma tradicional del cristianismo ruteno. Cuando Melecio empezó a esparcir
esos rumores, san Josafat se hallaba en Varsovia. Al volver a su diócesis, se
encontró con que, aunque su ciudad episcopal seguía siéndole fiel, ciertos
territorios de la eparquía comenzaban a
vacilar, pues un monje llamado Silvestre había conseguido ganar las poblaciones
de Vitebsk, Mogilev y Orcha para la causa de Smotritsky. La nobleza y casi
todo el pueblo estaban por la unión; pero san Josafat no pudo hacer nada en las
tres poblaciones que acabamos de mencionar. Cuando el rey de Polonia proclamó
un decreto afirmando que Josafat era el único arzobispo legítimo de Polotsk, se prdujeron desórdenes no sólo
en Vitebsk, sino en la misma
Vilna. El decreto fue leído públicamente en presencia del santo, y éste estuvo
a punto de perder la vida.
El canciller de
Lituania, León Sapieha, que era católico,
temeroso de los resultados políticos de la inquietud general, prestó oídos a
los rumores esparcidos por los disidentes que, fuera de Polonia, acusaban a san
Josafat de haber sido el causante de los desórdenes con su política. Así pues,
en 1622, Sapieha escribió al santo
acusándole de emplear la violencia para mantener la unión, de exponer al reino
al peligro de una invasión de los cosacos saporoshzky por sembrar la discordia entre el pueblo, de haber
clausurado por la fuerza ciertas iglesias no católicas y de otras cosas por el
estilo. Las acusaciones eran demasiado generales y los testimonios ad hoc
proporcionados por ambas partes sólo sirvieron para demostrar la injusticia del
proceso. Lo único que se podía reprochar realmente al santo, era haber pedido
el auxilio del brazo secular para recobrar la iglesia de Mogilev, de la que se
habían apoderado los disidentes. El arzobispo tuvo que hacer frente también a
la oposición, las críticas y la falta de comprensión de algunos católicos. Está
fuera de duda que una de las causas de la facilidad con que una parte del
pueblo había vuelto al cisma, era la firme disciplina y el rigor moral que el
renacimiento católico había impuesto. Desgraciadamente, san Josafat no encontró
entre los obispos latinos de Polonia el apoyo que merecía en tal empresa,
porque mantuvo valientemente el derecho del clero y de los ritos bizantinos a
que se los considerase en Roma en pie de igualdad con los latinos. El santo
mantuvo su lucha con la misma tenacidad y valentía. En octubre de 1623, sabedor
de que Vitebsk era todavía el
centro de la oposición, decidió ir allá personalmente. Sus amigos no lograron
disuadirle ni convencerle de que llevase una escolta militar. «Si Dios me juzga
digno de merecer el martirio, no temo morir», respondió san Josafat. Así pues,
durante dos semanas predicó en las iglesias de Vitebsk y visitó a los fieles sin distinción alguna. Sus
enemigos le amenazaban continuamente y provocaban a sus acompañantes para poder
asesinarle aprovechando el desorden. El día de la fiesta de san Demetrio, una
chusma enfurecida rodeó al mártir, el cual les dijo: «Sé que queréis matarme y
que me acecháis en todas partes: en las calles, en los puentes, en los caminos,
en la plaza central. Pero yo estoy entre vosotros como vuestro pastor y quiero
que sepáis que me consideraría muy feliz de dar la vida por vosotros. Estoy
pronto a morir por la sagrada unión, por la supremacía de San Pedro y del
Romano Pontífice».
Smotritsky, que era quien
fomentaba la agitación, sólo pretendía probablemente obligar al santo a salir
de la ciudad. Pero sus partidarios, que eran más exaltados, empezaron a tramar
una conspiración para asesinar a Josafat el 12 de noviembre, a no ser que se
excusase ante ellos por haber empleado antes la violencia. Un sacerdote llamado
Elías fue el encargado de penetrar en el patio de la casa del arzobispo e
insultar a sus criados por su religión y al amo a quien servían. Como la escena
se repitiese varias veces, san Josafat dio permiso a sus criados de arrestar al
sacerdote, si volvía a presentarse. En la mañana del 12 de noviembre, cuando el
arzobispo se dirigía a la iglesia para el rezo del oficio de la aurora, Elías
le salió al encuentro y comenzó a insultarle. El santo dio entonces permiso a
su diácono para que mandase encerrar al agresor en un aposento de la casa. Eso
era precisamente lo que deseaban sus enemigos. Al punto, echaron a vuelo las
campanas, y la multitud empezó a clamar que se pusiese en libertad a Elías y se
castigase al arzobispo. Después del oficio, san Josafat volvió a su casa y
devolvió la libertad a Elías, no sin antes haberle amonestado. A pesar de ello,
el pueblo penetró en la casa, exigiendo la muerte de Josafat y golpeando a sus criados.
El santo salió al encuentro de la turba y preguntó: «¿Por qué golpeáis a mis
criados, hijos míos? Si tenéis algo contra mí, aquí estoy; dejadlos a ellos en
paz» (inútil recalcar cuánto se parecen estas palabras a las que pronunció
santo Tomás Becket en una ocasión semejante). La chusma comenzó entonces a
gritar: «¡Muera el Papista!», y san Josafat cayó atravesado por una alabarda y
herido por una bala. Su cuerpo fue arrastrado por las calles y arrojado al río Divna.
San Josafat Kunsevich fue canonizado en
1867. Fue el primer santo de la Iglesia de Oriente canonizado con proceso
formal de la Sagrada Congregación de Ritos. Quince años más tarde, León XIII
fijó el 14 de noviembre como fecha de la celebración de su fiesta en toda la
Iglesia de Occidente, aunque con la última reforma del calendario fue puesta en
el 12, que le es más propio. El martirio del santo produjo como resultado
inmediato un movimiento en favor de la unidad católica. Desgraciadamente, la
controversia se prolongó con una violencia muy poco edificante, y los
disidentes tuvieron también un mártir, el abad Anastasio de Brest, quien fue
ejecutado en 1648. Por otra parte, el arzobispo Melecio Smotritsky se reconcilió más tarde con la Santa Sede. La gran
reunión rutena existió, con altos y bajos, hasta que, después de la repartición
de Polonia, los soberanos rusos obligaron por la fuerza a los rutenos católicos
a unirse con la Iglesia Ortodoxa de Rusia, Los pocos que no lo hicieron, han
visto repetirse la historia en nuestros días, como lo recuerda la encíclica
Orientales omnes, que Pío XII
publicó en 1946, con motivo del 350 aniversario de la Unión de Brest. En el
oficio de lecturas del santo se recoge un fragmento de SS Pío XI en la
encíclica Ecclesiam Dei, de 1923,
donde el Papa afirma que san Josafat fue «el hombre más eminente y destacado
entre los eslavos de rito oriental, ya que difícilmente encontraríamos a otro
que haya contribuido a la gloria y provecho de la Iglesia más que éste, su
pastor y apóstol, principalmente cuando derramó su sangre por la unidad de la
santa Iglesia.»
En 1874, Dom Alphonse Guépin publicó dos
gruesos volúmenes en octavo, de más de mil páginas, titulados Saint Josaphat, archevéque martyr, et l'Eglise grecque unie en Pologne. El autor habla en
el prefacio de las fuentes de su obra. En particular, da las gracias al P. J. Martynov por haber puesto a
su disposición una copia del proceso de beatificación y cierto número de
documentos copiados de los archivos romanos. También cita una vasta colección
de documentos reunidos por el monje basiliano Pablo Szymansky y habla de otra gran biblioteca de manuscritos del
mismo tipo, reunida por el obispo Naruszewicz para sus investigaciones hitsóricas. Dom Guépin pudo disponer de
todo ese material y supo emplearlo con tal tino, que la mayoría de los
escritores occidentales que han escrito después de él sobre el tema, se basan
en sus investigaciones. Sin embargo, hay que mencionar también los utilísimos
panfletos del P. G. Hofmann (Orientalai Christiana, nn. 6 y 12). La
noticia de la muerte de san Josafat se difundió rápidamente por toda Europa. En
el Museo Británico se conserva una copia de un panfleto publicado en 1625, en
Sevilla, con el título de Relación verdadera de la muerte y martirio de ...
Josafat. Véase también 0. Kozanewyc, Leben des hl. Josaphat (1931) ;, y la revista Roma e l'Oriente, vol. X (1920),
pp. 27-34. San Josafat y el metropolitano Rutsky fueron los iniciadores del movimiento monástico
ruteno que se convirtió, más tarde, en la orden de San Basilio; por ello, desde
1932, dichos monjes recibieron el nombre oficial de Basilianos de San Josafat.
fuente: «Vidas de los santos de A.
Butler», Herbert Thurston, SI
Nace en Vladimir
de Volhinia por el año
1580 de
padres ortodoxos; se convirtió a la fe católica e ingresó en la Orden de san
Basilio.
Ordenado sacerdote en el rito bizantino en 1609. Ordenado obispo de Vitebsk 1617, meses mas tarde, Arzobispo dePolotzk, Lituania.
Trabajó infatigablemente por la unidad de la Iglesia. Perseguido a muerte por sus enemigos, sufrió el martirio el año 1623.
Protomártir de la re-unificación de la cristiandad.Canonizado en 1867.
San Josafat
Basilica de S. Josafat, Milwauke
Ordenado sacerdote en el rito bizantino en 1609. Ordenado obispo de Vitebsk 1617, meses mas tarde, Arzobispo dePolotzk, Lituania.
Trabajó infatigablemente por la unidad de la Iglesia. Perseguido a muerte por sus enemigos, sufrió el martirio el año 1623.
Protomártir de la re-unificación de la cristiandad.Canonizado en 1867.
San Josafat
Basilica de S. Josafat, Milwauke
En Octubre de 1595,
el metropolitano de los ortodoxos disidentes de Kiev y otros cinco obispos, que
representaban a millones de rutenos (hoy llamados ucranios), hallándose
reunidos en Brest-Litovsk, ciudad de
Lituania, decidieron someterse al Papa y estar en comunión con la Iglesia
católica. Se trata de lahistórica Unión de Brest. Esta unificación
dio lugar a grandes controversias llegándose hasta la violencia. San
Josafat por aquel tiempo era muy jovencito, pero aquellos eventos
tendrían un profundo impacto en su vida ya que el mismo daría su vida por la
unidad de la Iglesia.
Su nombre
de bautismo eraJuanKunsevich. Su padre, que era
un católico de buena familia, puso a su hijo en la escuela de su
pueblo natal. Después Juan entró a trabajar como aprendiz en una tienda de
Vilna, pero en vista de que el comercio no estaba en su corazón, empleaba
sus tiempos libres aprendiendo el eslavo eclesiástico para
comprender mejor los divinos oficios y poder recitar
diariamente el oficio bizantino. Juan conoció por entones a
Pedro Arcudius, rector del
colegio oriental de Vilna, así como a los jesuitas Valentín Fabricio y Gregorio
Gruzevsky, quienes se
interesaron por él y le alentaron a seguir adelante. Al principio, el amo de
Juan no veía con muy buenosojos sus inquietudes
religiosas, pero el joven supo cumplir tan bien con sus obligaciones, que
el comerciante acabópor ofrecerle que se
asociase con él ytomase por esposa a una
de sus hijas. Juan rehusó ambas proposiciones, pues estaba decidido a hacerse
monje.
En 1601 ingresó en
el monasterio de la Santísima Trinidad de Vilna. El santo indujo también a
seguir su ejemplo a José Benjamín Rutsky, un hombre muy culto, convertido del calvinismo.
Los dosjóvenes monjes empezaron
juntos a trazar planes para promover la unión y reformar la observancia en
los monasterios rutenos. Desde entonces sellamó Josafat, recibió el diaconado, después el sacerdocio y pronto
adquirió fama por sus sermones sobre la unión con Roma.
Su vida personal
era muy austera, ya que añadía a las penitencias acostumbradas en las
reglas monásticas del oriente, otras mortificaciones tan severas, que en más de
una ocasión lecriticaron los
mismos monjes. En el proceso de beatificación el burgomaestre de
Vilna declaró que "no había en el pueblo ningún religioso más bueno que el
P. Josafat."
Josafat, al notar quesu superior, Samuel,
el abad del monasterio de la Santísima Trinidad,manifestaba tendencia a separarse de Roma, se lo
advirtió a sus superiores. El arzobispo de Kiev sustituyó a Samuel por
Josafat. Bajo su gobierno, el monasterio se repobló. Ello movió a sus
superiores a retirarle del estudio de los Padres orientales para que fundase
otros monasterios en Polonia.
En 1614, Rutsky fue elegido
metropolitano de Kiev y Josafat Iesucedió en el cargo de abad de Vilna. Cuando el nuevo
metropolitano fue a tomar posesión de su catedral, Juan le acompañó en el viaje
y aprovechó la ocasión para visitar el famoso monasterio de las Cuevas de
Kiev. Pero la comunidad de dicho monasterio, que se componía de más de 200
monjes, estaba relajada y el reformador católico estuvo a punto de
ser arrojado al río Dnieper. Aunque sus
esfuerzos por hacer volver a la unidad a la comunidad fracasaron, su ejemplo y
sus exhortaciones consiguieron hacer cambiar un tanto la actitud de los
monjes.
Obispo
ejemplarEn 1617, el P. Josafat fue consagrado obispo de Vitebsk con derecho de sucesión a la sede de Polotsk. Pocos meses después murió el anciano arzobispo de esa sede y Josafat se halló al frente de una eparquía extensa peropoco fervorosa. Muchos se inclinaban alcisma porque temían que Roma interfiriese en sus ritos y costumbres. Las iglesias estaban en ruinas y se hallabanmanos de los laicos. Muchos miembros del clero secular habían contraído matrimonio, algunos varias veces. La vida monástica estaba en decadencia. Josafat pidió ayuda a algunos de sus hermanos de Vilna y emprendió la tarea: reunió sínodos en las ciudades principales, publicó e impuso un texto de catecismo, redactó una serie de ordenaciones sobre la conducta del clero y combatió la interferencia de los "señores" en los asuntos de las iglesias locales. A todo ello añadió el ejemplo de su vida, su celo en la instrucción, la predicación, la administración de sacramentos y la visita a los pobres, a los enfermos, a los prisioneros y a las aldeasmás remotas.
Hacia 1620,
prácticamente toda la eparquía era ya sólidamente
católica, el orden estaba restaurado y el ejemplo de aquel puñado de
hombres buenos había producido un renacimiento de la vida cristiana. Pero
en ese mismo año, disidentes en la región que se había unido a Roma,
establecieron obispos paralelos, contrarios a Roma. Así, un tal Melecio Smotritsky fue nombrado
arzobispo de Polotsk, sede de San
Josafat, y se dedicó enérgicamente a destruir la obra del arzobispo
católico, diciendo que Josafat se había "convertido al latinismo",
que iba a obligar a sus fieles a seguir su ejemplo y que el catolicismo no
era la forma tradicional del cristianismo ruteno. La nobleza y la mayoría
del pueblo estaban por la unión, pero habían zonas disidentes. Un monjellamado Silvestre Smotritsky recorrió las
poblaciones de Vitebsk, Mogilev y Orchasublevando a la gente contra
el catolicismo. Cuando el rey de Polonia proclamó un decreto
afirmando que Josafat era el único arzobispo legítimo de Polotsk, se produjeron
desórdenes no sólo en Vitebsk, sino en la misma
Vilna. El decreto fue leído públicamente en presencia del santo y éste estuvo a
punto de perder la vida.
El canciller de
Lituania, León Sapieha, que era católico,
temeroso de los resultados políticos de la inquietud general, prestó oídos
a los rumores esparcidos por los disidentes que, fuera de Polonia, acusaban a
San Josafat de haber sido el causante de los desórdenes con su política.
Así pues, en 1622, Sapieha escribió al santo
acusándole de emplear la violencia para mantener la unión, de exponer el
reino al peligro de una invasión de los cosacos, de sembrar la discordia
entre el pueblo, de haber clausurado por la fuerza ciertas iglesias no católicas
y de otras cosas por el estilo.Tan solo era cierto
que Josafat habíapedido el auxilio del
gobierno para recobrar la iglesia de Mogilev, de la que se habían apoderado los disidentes. El
arzobispo tuvo que hacer frente también a la oposición, las críticas y la
falta de comprensión de algunos católicos. Una de
las razones por la que que una parte del pueblo fácilmente se
dejó llevar por las falsas acusaciones era para evitar ladisciplina y las
exigencias morales del renacimiento católico.
En octubre de 1623,
sabedor de que Vitebsk era todavía el
centro de la oposición, decidió ir allá personalmente. Sus amigos no lograron
disuadirle ni convencerle de que llevase una escolta militar. "Si Dios me
juzga digno de merecer el martirio, no temo morir'", respondió San
Josafat. Así pues, durante dos semanas predicó en las iglesias de Vitebsk y visitó a los
fieles sin distinción alguna. Sus enemigos le amenazaban continuamente y
provocaban a sus acompañantes para poder asesinarle aprovechando el desorden.
El día de la fiesta de San Demetrio, una turba enfurecida rodeó al mártir, el
cual les dijo:
"Sé que queréis matarme y que me acecháis en todas partes: en las calles, en los puentes, en los caminos, en la plaza central. Pero yo estoy entre vosotros como vuestro pastor y quiero que sepáis que me consideraría muy feliz de dar la vida por vosotros. Estoy pronto a morir por la sagrada unión, por la
supremacía de San Pedro y del Romano Pontífice."
Martirio
Smotritsky, fomentador de la agitación, probablemente solo pretendía obligar al santo a salir de la ciudad. Pero sus partidarios empezaron a tramar una conspiración para asesinar a Josafat el 12 de noviembre, a no ser que se excusase ante ellos por haber empleado la violencia. Un sacerdote llamado Elías fue el encargado de penetrar en el patio de la casa del arzobispo e insultar a sus criados por su religión y al amo
a quien servían. Como la escena se repitiese varias veces, San Josafat dio permiso a sus criados de arrestar al sacerdote, si volvía a presentarse. En la mañana del 12 de noviembre, cuando el arzobispo se dirigía a la iglesia para el rezo del oficio de la aurora, Elías le salió al encuentro y comenzó a insultarle. El santo dio entonces permiso a su diácono para que mandase encerrar al agresor en un aposento de la casa. Eso era precisamente lo que deseaban sus enemigos que buscaban pretexto para atacarle. Al punto, echaron a vuelo las campanas, y la multitud empezó a clamar que se pusiese en libertad a Elías y se castigase al arzobispo. Después del oficio, San Josafat volvió a su casa y devolvió la libertad a Elías, no sin antes haberle amonestado. A pesar de ello, el pueblo penetró en la casa, exigiendo la muerte de Josafat y golpeando a sus criados. El santo salió al encuentro de la turba y preguntó: "¿Por qué golpeáis a mis criados, hijos míos? Si tenéis algo contra mí, aquí estoy; dejadlos a ellos en paz." (Palabras muy parecidas a las de Santo Tomás Becket en ocasión semejante). La turba comenzó entonces a gritar: "¡Muera el Papista!", y San Josafat cayó atravesado por una alabarda y herido por una bala. Su cuerpo fue arrastrado por las calles y arrojado al río Divna.
El martirio del
santo produjo como resultado inmediato
un movimiento en favor de la unidad católica. Desgraciadamente, la controversia
se prolongó con violencia y los disidentes tuvieron también un mártir, el abad
Anastasio de Brest, quien fue ejecutado en 1648. Por otra parte, el arzobispo Melecio Smotritsky se reconcilió más
tarde con la Santa Sede.
"Sé que queréis matarme y que me acecháis en todas partes: en las calles, en los puentes, en los caminos, en la plaza central. Pero yo estoy entre vosotros como vuestro pastor y quiero que sepáis que me consideraría muy feliz de dar la vida por vosotros. Estoy pronto a morir por la sagrada unión, por la
supremacía de San Pedro y del Romano Pontífice."
Martirio
Smotritsky, fomentador de la agitación, probablemente solo pretendía obligar al santo a salir de la ciudad. Pero sus partidarios empezaron a tramar una conspiración para asesinar a Josafat el 12 de noviembre, a no ser que se excusase ante ellos por haber empleado la violencia. Un sacerdote llamado Elías fue el encargado de penetrar en el patio de la casa del arzobispo e insultar a sus criados por su religión y al amo
a quien servían. Como la escena se repitiese varias veces, San Josafat dio permiso a sus criados de arrestar al sacerdote, si volvía a presentarse. En la mañana del 12 de noviembre, cuando el arzobispo se dirigía a la iglesia para el rezo del oficio de la aurora, Elías le salió al encuentro y comenzó a insultarle. El santo dio entonces permiso a su diácono para que mandase encerrar al agresor en un aposento de la casa. Eso era precisamente lo que deseaban sus enemigos que buscaban pretexto para atacarle. Al punto, echaron a vuelo las campanas, y la multitud empezó a clamar que se pusiese en libertad a Elías y se castigase al arzobispo. Después del oficio, San Josafat volvió a su casa y devolvió la libertad a Elías, no sin antes haberle amonestado. A pesar de ello, el pueblo penetró en la casa, exigiendo la muerte de Josafat y golpeando a sus criados. El santo salió al encuentro de la turba y preguntó: "¿Por qué golpeáis a mis criados, hijos míos? Si tenéis algo contra mí, aquí estoy; dejadlos a ellos en paz." (Palabras muy parecidas a las de Santo Tomás Becket en ocasión semejante). La turba comenzó entonces a gritar: "¡Muera el Papista!", y San Josafat cayó atravesado por una alabarda y herido por una bala. Su cuerpo fue arrastrado por las calles y arrojado al río Divna.
La gran reunión
rutena existió, con altos y bajos, hasta que, después de la repartición de
Polonia, los soberanos rusos obligaron por la fuerza a los rutenos católicos a
unirse con la Iglesia Ortodoxa de Rusia. El comunismo favoreció la
opresión de la fe católica. Hoy como ayer es necesaria la intercesión y el
ejemplo de San Josafat a favor de la unión en la verdad y el amor.
San
Josafat Kunsevich
fue canonizado en 1867 por el Papa Pío IX. Fue el primer santo de la Iglesia de oriente
canonizado con proceso formal de la Sagrada Congregación de Ritos. Quince años
más tarde, León XIII fijó el 14 de noviembre como fecha de la celebración de su
fiesta en toda la Iglesia de occidente. La reforma litúrgica movió la fiesta al
12 de noviembre.
El Papa Pío XI
declaró a San Josafat Patrón de la Reunión entre Ortodoxos
y Católicos el 12 de
noviembre de 1923, III centenario de su martirio.
El 25 de Noviembre
de 1963, durante el Concilio Vaticano II y por petición del Papa Juan XXIII,
quién estaba muy interesado en la unidad, el cuerpo de San Josafat finalmente
encontró su descanso en el altar de San Basilio en la Basílica
de San Pedro.
Bibliografía:
-Vida de los Santos de Butler, Vol IV.
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