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San Atanasio
Atanasio significa: Inmortal.
Es el arzobispo que fue desterrado cinco veces por
defender la religión. En la misa de su fiesta se lee el evangelio que trae esta
recomendación de Jesús: "Cuando los destierren de una ciudad, váyanse a otra.
Les aseguro que no se acabarán las ciudades de su país antes de que venga el
Hijo del Hombre. El discípulo no es más que su maestro. Si a Mí me han
perseguido, también a Uds. los perseguirán".
San Atanasio nació en Alejandría, Egipto, hacia el año
297. Siendo todavía un niño en el año 311, presenció el martirio de su obispo
Pedro de Alejandría y de otros cristiano, muertos en la persecución que
hicieron los paganos. Luego supo con alegría que el año 313 el emperador
Constantino declaraba la libertad religiosa para los cristianos, y se acababa
la persecución.
De joven conoció al gran penitente San Antonio Abad y
la amistad con tan famosos santo le fue de inmenso provecho durante toda
su vida.
Con grandes cualidades para la oratoria y una brillante
inteligencia, se dedicó a prepararse para el sacerdocio, y siendo diácono fue
escogido como secretario de Alejandro, arzobispo de Alejandría. En esta joven
edad de 23 años escribió su primero libro acerca de la Encarnación de
Jesucristo.
Por aquél tiempo apareció en Alejandría un hereje
llamado Arrio, que enseñaba que Jesucristo no era Dios. (Si Jesucristo no fuera
Dios, nuestra religión sería vana, pues estaríamos adorando a un hombre. Y un
hombre no le resuelve los problemas a nade. Jesús es verdadero Dios y verdadero
hombre).
Atanasio de dedicó a combatir al hereje Arrio y obtuvo
que su arzobispo reuniera a los obispos de la nación y a muchos sacerdotes y en
un Concilio Nacional condenaron a Arrio y le prohibieron enseñar sus
errores.
Pero Arrio era un hombre terrible y se dedicó a
propagar su herejía por países, y muchos que deseaban vivir una vida más fácil
y que sabían que si Cristo no era Dios no había entonces porqué obedecerle ni
seguir sus leyes, se dedicaron a propagar su dañosa herejía. Entonces se
reunieron los obispos del mundo, en el Primer Concilio, el Concilio de Nicea, el
año 325, y condenaron a Arrio y decretaron que debía ser derrotado. San Atanasio
asistió a ese Concilio como Secretario de su obispo Alejandro y fue su consejero
en las discusiones.
Y sucedió que Eusebio de Nicomedia, un hombre muy
influyente en el gobierno, convenció al emperador Constantino de que Arrio debía
ser admitido otra vez en la Iglesia Católica. Constantino escribió a San
Atanasio pidiéndole que admitiera al hereje, y el santo le respondió que jamás
podía él aceptar como católico a quien se atrevía a negar que Jesucristo es
Dios. Y entonces el emperador desterró a Atanasio, hacia Tréveris, ciudad de
Alemania. Allá estuvo dos años desterrado, e hizo muy buena amistad con San
Maximino el obispo de esa ciudad.
Al morir Constantino, su sucesor dio permiso para que
volvieran a sus ciudades los que estaban desterrados, y Atanasio volvió a
Alejandría, siendo recibido por el pueblo con grandes demostraciones de
alegría. Pero los arrianos y otros enemigos de la verdadera religión le
inventaron muchas calumnias y eligieron a un falso arzobispo e hicieron que
Atanasio tuviera que irse de la nación por ocho años. Se fue a Roma y allá el
Sumo Pontífice se declaró a su favor. (Una de las calumnias que le inventaban
era que él había matado a un obispo, y presentaban el brazo cortado del tal
obispo. San Atanasio supo dónde tenían escondido al obispo aquel y se fue y se
lo trajo y cuando ya lo iban a condenar por ese homicidio les presentó al tal
muerto, bien vivo y muy lleno de salud y con ambos brazos).
El emperador Cosntante, que era arriano, expulsó a la
fuerza otra vez a Atanasio, porque defendía que Cristo sí es Dios. Y el santo
tuvo que estarse escondido seis años entre los monjes del desierto. En estos
años escribió sus mejores obras y llegó a una gran santidad.
Al morir Constante, volvió Atanasio a Alejandría, pero
poco después subió al trono un apóstata, renegado, llamado Juliano y lo desterró
también. (Cuando la policía de Juliano lo iba persiguiendo por el Río Nilo, el
santo que iba disfrazado de campesino hizo devolver su embarcación, y al
encontrarse con los perseguidores, éstos le preguntaron: "¿Ha pasado por aquí
Atanasio? ¿Estará muy lejos?". Y él les respondió: "Sí, pasó hace poco rato y no
está lejos". Los otros siguieron río arriba, y no lograron reconocerlo). Al
morir Juliano, ya pudo volver el obispo otra vez a Alejandría.
Y llegó un nuevo emperador, Valente, el cual decretó
otra vez que Atanasio debía ser desterrado. El santo se refugió en una casa de
las afueras de la ciudad, cerca del sepulcro de su padre, y allí estuvo
escondido por cuatro meses, durante los cuales escribió una biografía que se ha
hecho famosa: La Vida de San Antonio Abad. Pero luego el emperador, por miedo a
que en Alejandría estallara alguna revolución, porque los católicos estaban
cansados de tanto ver perseguir a su arzobispo, decretó que podía volver otra
vez a la ciudad. Y en los últimos siete años ya nadie lo volvió a desterrar.
Había estado desterrado por 17 años, en sus 5 destierros.
San Atanasio fue el obispo más famoso de su siglo. Tuvo
que vivir en una época sumamente difícil y combatir a enemigos muy peligrosos y
traicioneros que pretendían quitarle a la religión católica una verdad
fundamental que es la que enseña que Jesucristo sí es Dios. En sus 45 años de
sacerdocio no dejó nunca de predicar en favor de Jesucristo. Por eso se dice
que después de los apóstoles en la antigüedad quizá ninguno contribuyó más que
Atanasio a hacer amar a Jesucristo.
Dice un obispo de su tiempo: "Cuando murió el obispo
Alejandro, el pueblo se reunió en el templo durante tres días y gritaba que
deseaba por obispo a Atanasio porque les parecía el más santo de los candidatos
a obispo". Es que ya desde joven tenía fama de ser santo. Su vida fue un
calvario: cinco reyes lo desterraron, pero jamás ninguno logró conseguir que
dejara de proclamar que Cristo sí es Dios y que la divinidad de Jesús es la
razón de nuestra esperanza.
Atanasio fue el campeón de la libertad de la iglesia
frente a los poderes civiles que pretendían meterse en lo religioso que a ellos
no les pertenece. Tenía temple de luchador, y se enfrentaba sin miedo a cuantos
trataban de negar las verdades de la religión católica. Pero a la vez cumplía
lo que decía Jesús: "Sean prudentes como serpientes", y cuando veía que sus
adversarios le tenían trampas preparadas, huía muy a tiempo antes de caer en
sus garras. Algunas de sus fugas fueron espectaculares. Cuando ya los enemigos
se imaginaban que caería en sus garras, él aparecía en otros sitios muy
distantes escribiendo y hablando en favor de Cristo y previniendo a los
creyentes para que no se dejaran engañar de los herejes.
Hablaba un lenguaje totalmente claro y franco y no iba
con rodeos cuando había que defender la verdadera fe. Al pan lo llamaba pan y al
vino, vino, gustara o no gustara a los enemigos de la
religión.
Cuando Dios le señala a una persona un oficio muy
especial en su Iglesia le concede una personalidad apropiada para el oficio que
va a tener que desempeñar. A Atanasio le concedió un temperamento heroico y a la
vez le fue alimentando su gran personalidad permitiéndole que en cada destierro
lograr ir al desierto o a otros sitios alejados a meditar, a rezar, a estudiar y
a prepararse para sus futuros combates.
De uno de sus perseguidores, Juliano el apóstata, se
dice que le preguntó por burla a un carpintero católico: "¿Qué está haciendo en
el cielo su jefe el Carpintero de Nazareth?". Y que el creyente le respondió:
"Está fabricando ataúdes para los que se oponen a su santa religión". Y se
cuenta también que Juliano al morir atravesado en una batalla, se arrancó la
flecha que lo hería y murió mirando al cielo y diciendo: "Venciste Galileo". En
cambio San Atanasio al terminar su existencia pudo exclamar gozoso: mi vida fue
un calvario. Me persiguieron pero no pudieron conmigo. Te acompañé en esta vida
en tu Pasión Dolorosa, ahora espero acompañarte en tu gloria en la Vida
Eterna.
Murió el 2 de mayo del año 373, a los 76
años.
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Dijo Jesús: "A quien se declare a mi favor ante la
gente de este mundo, yo me declararé a su favor ante mi Padre Celestial y sus
ángeles".
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Santo(s) del día
San Atanasio
San José María Rubio
San Atanasio Alejandría
Santa Mafalda
Santa Wiborada
San Exuperio (S. II)
San Félix Sevilla
San Videmial
San Segundo Avila
San Germán Amiéns
San Simplicio Cataluña
San Valentín Génova
Santa Guivorada
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José María Rubio Rubio y Peralta nació en
Dalías (Almería) el día 22 de julio de 1864, el mayor de doce hermanos del
matrimonio compuesto por don Francisco y doña Mercedes, campesinos. De él dijo
su abuelo materno, don Eugenio: “Yo me moriré, pero el que viva verá que este
niño será un hombre importante y que valdrá mucho para Dios”.
En su
pueblo natal acudió a la escuela y después de las clases le gustaba leer las
vidas de santos. Con diez años un canónigo, José María, tío suyo, le hizo
estudiar en un Instituto de Bachillerato en la capital pero, viendo que tenía
vocación sacerdotal, lo envió al seminario diocesano de Almería.
En 1879
se trasladó al seminario de San Cecilio en Granada, donde terminó los estudios
filosóficos, los cuatro de teología y dos de derecho canónico, siendo alumno
aventajado de otro canónigo, don Joaquín Torres, quien al pasar a Madrid, se
llevó consigo a José María.
En 1887 lo inscribió en el Seminario
diocesano de la Inmaculada y de San Dámaso, de Madrid, que entonces estaba en la
calle de La Pasa, y el 24 de septiembre de este mismo año fue ordenado sacerdote
incardinado en esta diócesis. Celebró su primera Misa el 8 de octubre siguiente
en la entonces catedral de San Isidro, en la capilla de la Virgen del Buen
Consejo.
El 1 de noviembre de 1887 fue nombrado coadjutor de la parroquia
de Chinchón (Madrid), donde en tan solo nueve meses ya empezó a tener fama de
santo, mientras continuaba con dos cursos facultativos de Teología en el
Seminario para obtener en 1888 la Licenciatura en Teología en Toledo. También
allí obtuvo la Licenciatura en Derecho Canónico en 1897. Antes del amanecer ya
estaba en la Iglesia orando y dedicaba largas horas a la catequesis de niños.
Impresionaba a todos por su austeridad y pobreza y por su caridad con los más
pobres.
El 24 de septiembre de 1889 fue trasladado de administrador
parroquial a Estremera (Madrid) caracterizándose en su apostolado parroquial por
compaginar su vida de oración con la atención a los pobres y enfermos, dando
cuanto tenía a los demás. Se dejó convencer para presentarse a unas oposiciones
de canónigo en Madrid, que perdió, y a consecuencia de eso fue nombrado profesor
de Latín, Filosofía y Teología pastoral en el Seminario madrileño y por ello
tuvo que trasladarse a la capital de España.
Fue nombrado notario del
obispado y más tarde encargado del registro. Se le designó también capellán de
las religiosas Bernardas y como tal permaneció durante trece años; este cargo le
facilitaba entregarse a un intenso apostolado que sería la característica
principal de toda su vida: atendía a muchísimas personas en el sacramento de la
penitencia como excelente confesor, daba catequesis a niñas pobres, en las
“escuelas dominicales”, se dedicaba a los “traperos”, “parados” y a los llamados
“golfos” y a la vez dirigía continuamente tandas de ejercicios espirituales.
Pasaba muchas noches en oración. Quienes le veían celebrar la Misa decían:
“Parece que habla con alguien”. En 1904 peregrinó a Roma y Tierra Santa. Le
impresionaron para siempre las dos visitas. De Roma, el Papa Pío X, las
catacumbas y la tumbas de Pedro y Pablo y de Jerusalén, el Santo Sepulcro y el
Calvario.
Siendo sacerdote diocesano secular, tenía una gran admiración
por la Compañía de Jesús. Se llamaba a sí mismo “jesuita de afición”. Toda su
vida se centraba en “cumplir la voluntad de Dios”. Y el 11 de octubre de 1906
entró en el noviciado de la Compañía de Jesús de Granada. Hizo sus primeros
votos el 12 de octubre de 1908 y permaneció otro año en Granada para profundizar
en sus estudios teológicos mientras a la vez predicaba misiones populares y daba
tandas de ejercicios espirituales.
Seguidamente trabajó en obras
apostólicas en la residencia jesuítica de Sevilla, dirigiendo la Congregación
mariana de jóvenes, la Comunión reparadora de los militares, el Apostolado de la
Oración, las Conferencias de San Vicente de Paúl y una escuela vespertina para
obreros. Atendía también el confesionario de la iglesia y la predicación a los
miembros de la Adoración nocturna. Era exigente pero siempre con dulzura. “Se
cazan más moscas con una gota de miel que con un barril de vinagre”, decía con
gracia. En septiembre de ese año se trasladó a Manresa (Barcelona) para su
“tercer año de probación” desde donde fue destinado a Madrid y aquí, el 2 de
febrero de 1917 emitió sus votos perpetuos.
Desde entonces Madrid fue el
campo de su intenso apostolado. Vivía en la residencia jesuítica de la calle de
La Flor y era buscado y requerido por todo el mundo. Con sotana y roquete, la
cabeza ligeramente inclinada, destellaba tal bondad que atraída
sobrenaturalmente. Aunque no hablaba retóricamente como otros oradores, sin
embargo sus sermones atraían a la gente y convencía porque vivía lo que
predicaba. Repetía como lema: “Hacer lo que Dios quiere y querer lo que Dios
hace”. Organizó, predicó y atendió personalmente a distintas misiones populares
en pueblos pequeños de Madrid. Vivió una temporada de escrúpulos pero eso no le
impidió dedicarse a promover obras de apostolado que hicieran bien a cuanta más
gente pudiera, por eso su fama de santidad era extraordinaria en todo el Madrid
de su tiempo. Intentó fundar “los discípulos de San Juan” e incluso fue sometido
a un registro policial acusado de crear un nuevo instituto religioso. Cuando los
superiores le prohibieron esta actividad, lo aceptó de tan buena forma diciendo:
“No busco más que cumplir la santísima voluntad de Dios”. Cuando le removieron
de su cargo de Director de las Marías de los Sagrarios y de un Boletín del
Sagrado Corazón, manifestó: “Debo ser tonto. No me cuesta
obedecer”.
Mientras tanto, había que permanecer más de tres horas en la
fila para confesarse con él. Atendía a todos por igual y por orden, lo mismo a
marquesas que a pobres. Gozaba de dones místicos e incluso de gracias especiales
sobrenaturales, como el don de profecía y de videncia. Comprobaron estar a la
vez y a la misma hora en el confesionario y visitando a un
enfermo.
Escuchaba íntimamente llamadas de socorro a distancia y hasta el
aviso de una madre fallecida para ir a atender a su hijo incrédulo. Un día de
carnaval, un grupo de comparsa le había preparado una trampa, llamándolo a una
casa de citas para administrar los últimos sacramentos a un enfermo. Uno de
ellos, en la cama se hacía pasar por moribundo para que se rieran los demás y
dar ocasión de fotografiar al Padre Rubio en esta ocasión “ridícula”. Al entrar
él en el prostíbulo con intención de atender al enfermo, descubrió que estaba
realmente muerto. Fue tal la impresión que dos de aquel grupo se hicieron
religiosos poco después.
Ejerció su ministerio pastoral con una dimensión
social en los suburbios más pobres de Madrid, singularmente en el de La
Ventilla, donde los movimientos revolucionarios encendían a la clase obrera.
Fundó escuelas, predicó la Palabra de Dios y fue formador de muchos cristianos
que morirían mártires durante la persecución religiosa en España.
Su
testamento, en una charla a las “Marías de los Sagrarios”, fue el de exhortar a
realizar una “liga secreta” de personas que vivieran la perfección en medio del
mundo, promoviendo así una forma de consagración que más tarde se concretaría en
los institutos seculares. Presintió su propia muerte y hasta llegó a despedirse
de sus amigos. A finales de abril de 1929, viéndolo debilitado por su intenso
trabajo y por su dolorosa enfermedad, los superiores lo transfirieron al
noviciado de Aranjuez para que reposara. Allí, después de haber roto por
humildad sus apuntes espirituales, decía: “Señor, si quieres llevarme ahora,
estoy preparado”. “Abandono, abandono”. A los tres días después de su llegada,
el 2 de mayo de 1929, en una butaca dijo: “Ahora me voy” y expiró por una angina
de pecho. En todo Madrid no se hablaba de otra cosa: “¡Ha muerto un santo!”.
Miles de personas asistieron a su funeral y entierro. Sus restos fueron
inhumados en el cementerio del mismo noviciado, pero en 1953 fueron trasladados
a la nueva Casa Profesa de Madrid.
Fue beatificado en Roma por el Papa
Juan Pablo II el 6 de octubre de 1985, sus reliquias están en una Casa de la
Compañía, en el claustro junto a la iglesia parroquial del Sagrado Corazón y San
Francisco de Borja, Maldonado, nº 1, y su memoria litúrgica se viene celebrando
el 4 de mayo.
TEXTOS DEL PADRE JOSÉ MARÍA RUBIO,
S.J.
<!--[if !vml]--><!--[endif]-->Mi deseo es santificarme donde y como el
Señor disponga, y eso queréis también nuestra madre y vosotros. Por mi parte,
estoy dispuesto a lo que él quiera de mí y nada más. Si me quiere en Madrid,
bien; y si me quiere a vuestro lado, muy bien; y si me quisiera de otro modo de
vida más perfecto y más seguro, pues muy bien.
<!--[if
!vml]--><!--[endif]-->Lo mejor, lo más provechoso, lo más
consolador será lo que Dios quiera, y a la hora de la muerte el mayor consuelo
vuestro y mío será el pensamiento de haber cumplido la voluntad santísima de
Dios...
<!--[if
!vml]--><!--[endif]-->Yo no me muevo sino por cumplir lo que sea
gusto de Dios.
<!--[if
!vml]--><!--[endif]-->Es posible en este destierro comunicarse
con Dios infinito... Yo sé que quien esto no creyere no lo verá
por experiencia, porque es muy amigo de que no pongan tasa a sus
obras.
<!--[if
!vml]--><!--[endif]-->La verdadera unión se puede muy bien
alcanzar con el favor de Nuestro Señor, si nosotros nos esforzamos en
procurarla. Con no tener voluntad, sino atada con lo que fuere la voluntad de
Dios.
<!--[if
!vml]--><!--[endif]-->Contemplad la humanidad santa de
Jesucristo y, mediante ella, subid a la divinidad. Meditad las virtudes
de Jesucristo y desead practicarlas; y no sólo esto, sino trabajad para
conseguirlas. Habréis vaciado primero el corazón y después os habréis llenado
de Dios, y Dios obrará en vosotros maravillas.
<!--[if
!vml]--><!--[endif]-->¿Cómo vamos a poder pensar en otra cosa
si, aunque no queramos, tropezaremos con Él en todo? ¿No ve que lo llena todo y
en todo está trabajando por usted y por mí?
<!--[if
!vml]--><!--[endif]-->Vivir la presencia de Dios como lámpara
encendida.
<!--[if
!vml]--><!--[endif]-->No fuerce la máquina. No admite violencias
esta práctica (la de la oración) toda sobrenatural. Ha de ser obra de la
gracia.
<!--[if
!vml]--><!--[endif]-->Te encargo que siempre tengas como base de
tu conducta el cumplir fielmente la ley de Dios y los mandamientos de la Santa
Iglesia nuestra madre. Procura que en tu casa se rece en familia y que tus
hijos vean a sus padres practicar la religión, no a medias, sino en todas las
cosas. Es la mejor herencia que puedes dejarles. De todo lo mucho que nosotros
debemos a nuestros padres, cuya vida conserve el Señor muchos años, el mayor
beneficio ha sido educarnos cristianamente y Dios les premiará este bien que
nos han hecho. Procurad rezar el Rosario a la Virgen y no olvides que quien a
Dios tiene nada le falta, sin hacer caso de cómo piensan otros, pues bien sabes
que hay muchas cabezas destornilladas.
<!--[if
!vml]--><!--[endif]-->Éste es el camino en las horas amargas.
¿Qué hace el Divino Corazón en su aflicción y amargura? Retirarse a orar.
Y añade: “Quedaos aquí vosotros y procurad orar conmigo, no os durmáis,
estad vigilantes y haced oración aquí, como yo voy a hacerla en mayor soledad
y recogimiento”. Apartado ya de ellos y solo por su Eterno Padre, se pone de
rodillas y, como hombre, adora con profunda reverencia a la majestad de Dios
Padre, y colocada la frente en el suelo, entra de lleno en la oración,
prolongándola hasta una hora...
<!--[if
!vml]--><!--[endif]-->Al final de la
vida nos queda la santidad.
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San Atanasio de Alejandría
Obispo y Doctor de la Iglesia Nació en
Alejandría el año 295 y fue colaborador y sucesor del obispo Alejandro a quien
acompañó en el Concilio de Nicea.
Peleó valerosamente contra los arrianos, lo
que le acarreó incontables sufrimientos, entre ellos varias penas de
destierro.
Escribió excelentes obras apologéticas y
expositivas de la fe.
Murió el año 373.
Oremos
Dios
todopoderoso y eterno, que suscitaste a San Atanasio como preclaro defensor de
la divinidad de tu Hijo, haz que nosotros, iluminados por sus enseñanzas y
ayudados por sus ejemplos, crezcamos en tu conocimiento y en tu amor. Por
nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
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Etimológicamente significa
“fuerte en el combate”. Es igual que Matilde (portugués).
Es muy interesante para un
país que haya personas como Mafalda que logren llevar a religiosos franciscanos
y dominicos para que, con su oración, su predicación y su labor evangélica,
eleven el nivel cultural y religioso de esa nación.
Eso fue, principalmente lo que
llevó a cabo Mafalda. Portugal vivía los días aciagos de la invasión de los
árabes. Para librarse de ellos, nada mejor que aunar las fuerzas . Por eso ella
se casó con el rey Enrique I de Castilla, algo más joven que
ella.
El Papa Inocencio III, que
seguía el quid de la cuestión lo más cerca posible, impidió el matrimonio, ya
que Enrique y Mafalda eran parientes.
Roma se metió en los asuntos
políticos y sociales de Portugal que se separó del de Castilla y León en
tiempos de Alfonso-Enrique.
Todos estos líos hicieron que
Malfalda tomase la determinación de meterse en un monasterio.
Y justamente cuando elige esto
como lo mejor de su vida, se va a encontrar con algo inesperado.
Estando en oración y haciendo
penitencia, vio más claras las cosas de su exreino. Lo que le interesa ahora es
la reforma de las monjas cistercienses (año 1222).
Se dio cuenta de que la
disciplina estaba relajada. Necesitaba su espíritu emprendedor hacer cosas
nuevas que redundasen para el bien del reino de los cielos.
Creó hospicios y dio trabajo a
todo el que quería cultivar los campos abandonados por causa de las
guerras.
Tan sólo dejó el monasterio
para ir en peregrinación a Oporto. En uno de estos viajes religiosos, cayó
enferma y murió en 1257.
Oremos
Tú, Señor, que
concediste a Santa Mafalda el don de imitar con fidelidad a Cristo pobre y
humilde, concédenos también a nosotros, por intercesión de esta Santa, la gracia
de que, viviendo fielmente nuestra vocación, tendamos hacia la perfección que
nos propones en la persona de tu Hijo. Que vive y reina
contigo.
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Nacida en el siglo IX en
Klingna, Aargau. Miembro de la nobleza Suavia. Su hermano Hatto fue
sacerdote y preboste de la iglesia de San Magno. Widoroba convirtió su casa
en un hospital para la gente pobre que le llevaba su hermano. En un
peregrinaje a Roma, ingresó al monasterio Benedictino de San Gallo, donde
trabajó como encuadernadora, ocupándose de bordar y ornar las telas destinadas
a cubrir los numerosos y suntuosos manuscritos que poseía este
monasterio. Luego de unos años su vida anacoreta retirandose del monasterio
para vivir cerca de la una iglesia que atendia su hermano. Famosa por su
austeridad y su don de profesía. Una de las profesías más famosas fue en la
que se anticipó a la invasión hungara a la región, lo que permitió escapar a
los monjes y religiosas de San Gallo y San Magno, pero ella se nego a
abandonar su celda. Tan pronto como los bárbaros partieron, Wiborada fue
encontrada muerta en su celda, destrozada la cabeza por tres golpes de hacha y
bañada en sangre. Era el año 926. Fue canonizada por el Papa Clemente
II en el año 1047, siendo la primera mujer oficialmente canonizada por el
Vaticano.
Oremos
Tú, señor, que nos alegras hoy con la fiesta
anual de Santa Wiborada, concédenos iluminarnos con el ejemplo de su virginidad
y de su fortaleza. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo.
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Santos Exuperio, Zoé, su mujer, Ciriaco y Teódulo, sus hijos, s.
II
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San Félix, diácono y mártir, Sevilla.
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Santos Videmial, Eugenio y Long¡nos, obispos y mártires, Africa,
489.
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San Segundo, Avila, s. I.
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San Germán, obispo y mártir de Amiéns (Francia), s.
V.
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Santos Simplicio y Ambrosio, mártires, Cataluña.
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San Valentín, obispo de Génova, 325.
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Santa Guivorada o Weib-Rath, reclusa y mártir. Había
nacido en el seno de una familia noble de Suabia, pero desde su juventud dejó
todos los halagos del mundo para encerrarse en una celda cercana a la iglesia de
la gran abadia de San Galo, en Suiza.
Allí su vida fue rezar, leer, hilar, hacer hostias para
las misas que se celebraban en el monasterio y repartir entre los que llamaban a
la ventana de su encierro las limosnas que le daban sus devotos.
Los mismos monjes iban con frecuencia a encomendarse en
sus oraciones y a pedir sus consejos en las cosas de la vida espiritual.
En 925, habiendo invadido los húngaros la región de San
Galo, llegaron hasta la celda de la reclusa, y furiosos porque no pudieron robar
nada en ella, se ensañaron contra la pobre penitente, quitándole la
vida.
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