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martes 02 Julio 2013
San Juan Francisco Regis
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Nació en Fontcouverte, en Languedoc, (Francia)
el 31 de enero de 1587. Sus padres muy fervorosos cristianos y en muy buena
posición económica, lo educaron en la sobriedad y en los más sanos principios
cristianos. De niño sólo llamaba la atención por sus modales dulces, atento,
servicial y muy entregado a cuanto se refiere a la Iglesia. Nunca se cansaba de
estar en ella ni de los rezos familiares por más que se prolongasen.
En 1616, comienza a frecuentar el colegio de
los jesuitas de Beziers. Llama la atención no por hacer algo raro, sino por
hacer todo cuanto estaba mandado perfectamente bien.
Es el primero en todo: Estudios, piedad,
esparcimientos, pero lo que más gusta a sus superiores y compañeros es ver que
no se lo cree. Es sencillo, humilde, el compañero más fiel. ¿Dónde encuentra
Juan Francisco la fuerza para ello? En su ferviente amor a la Eucaristía que
recibe casi a diario y que para aquellos tiempos era cosa bastante rara. Su
tierno amor a la Virgen María, a la que acude con amor filial. A su Angel de la
Guarda que hasta a veces parece que le acompaña.
El día de la Inmaculada de 1616 ingresa en
la Compañía de Jesús (Jesuitas) como novicio y se entrega de lleno a formarse
en los votos religiosos. Emite los votos y los superiores lo destinan a que
profundice en los estudios teológicos y filosóficos, en los que también hace
maravillosos progresos. Antes de dedicarse al apostolado, pasa largas horas en
oración.
Los superiores lo ven maduro para dar el paso
del sacerdocio y el día de la Sma. Trinidad de 1630 tiene el gozo de recibir el
don del sacramento sacerdotal. Alguien dijo de él "que no tenía más que a Dios
dentro de su alma, a Dios en la boca y a Dios delante de sus ojos".
Poseía una gracia enorme para convertir las
almas, aun las más alejadas. "Mi vida ¿para qué es sino para sacrificarla por
las almas? ¿Cómo podría probar mi amor a Dios, si no ofrezco lo que más se
estima en este mundo, la salud y la vida? No me sería grata la vida si no
tuviere algo que perder por Jesucristo.
Siento un deseo vivísimo de ir a las mansiones
de los iroqueses y ofrecer mi vida por la salvación de aquellos salvajes".
Agotado de sus apostolados, volaba al cielo el 26 de diciembre de
1640
Oremos
Señor Dios todopoderoso, que nos has revelado
que el amor a Dios y al prójimo es el compendio de toda tu ley, haz que,
imitando la caridad de San Juan Francisco Regis, seamos contados un día entre
los elegidos de tu reino. Por nuestro Señor Jesucristo, tu
Hijo.
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