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San Francisco de Paula
San Francisco de Paula, ermitaño, fundador de
la Orden de los Mínimos en Calabria, prescribiendo a sus discípulos que viviesen
de limosnas, no teniendo propiedad ni manipulando dinero, y que utilizasen sólo
alimentos cuaresmales. Llamado a Francia por el rey Luis XI, le asistió en el
lecho de muerte, y célebre por la austeridad de vida, murió a su vez en
Plessis-les-Tours, junto a Tours.
San Francisco de Paula, fundador. (1508).
Nació en Italia, en 1416. Le pusieron por nombre Francisco porque sus padres
habían deseado por quince años tener un hijo, y al fin, al rezarle a San
Francisco de Asís, obtuvieron que naciera este niño. Cuando tenía unos pocos
años se enfermó gravemente de los ojos. Se encomendó junto con sus padres a San
Francisco y este Santo le obtuvo de Dios la curación. En acción de gracias se
fue a los 14 años en peregrinación a Asís, y allá recibió la inspiración de irse
de ermitaño solitario a rezar y a hacer penitencia en la soledad de un
monte.
Pidió permiso a sus papás y por cinco años
estuvo escondido en la montaña, rezando, meditando y alimentándose solamente de
agua y de yerbas silvestres y durmiendo sobre el duro suelo, teniendo por
almohada una piedra. Varios hombres más se fueron a seguir su ejemplo y
Francisco tuvo que fundar varias casas para sus religiosos. Y en todos sus
conventos puso una consigna o ley que había que cumplir siempre: "Cuaresma
perpetua". Miles de hombres decidieron abandonar la vida pecaminosa del mundo
e irse a la Comunidad religiosa fundada por San Francisco de Paula, les puso el
nombre de "hermanos Mínimos". El Sumo Pontífice envió un delegado para que
averiguara qué tan segura y cierta era la santidad de Francisco.
El delegado pontificio le preguntó si sus
religiosos serían capaces de resistir toda la vida a ese reglamento tan severo
que les prohibía comer carne, queso, leche y huevos y tomar licores. El Papa
Pablo VI dijo en 1977 que San Francisco de Paula es un verdadero modelo para los
que tienen que llamarles la atención a los gobernantes que abusan de su poder y
que malgastan en gastos innecesarios el dinero que deberían emplear en favor de
los pobres. San Francisco solía decirles que en el día del juicio le dirían
aquellas palabras que Jesús, Dios nuestro Señor dijo en el Evangelio: "Dame
cuenta de tu administración" (Lc. 16,2). Y les repetía lo que decía San Pablo:
"Cada uno tendrá que presentarse ante el tribunal de Dios, para darle cuenta de
los que ha hecho, de lo bueno y de lo malo". Todo esto hacía pensar muy
seriamente a muchos gobernantes y los llevaba a corregir los modos equivocados
de proceder que habían tenido en el pasado. Al rey de Nápoles (Fernando el
Bastardo) no le agradaba nada este modo tan franco de hablar que tenía el santo
varón y dispuso mandarlo apresar. Al rey y a sus empleados les sabía cantar
las cuarenta, diciéndoles que no se pueden hacer gastos en lujos mientras el
pueblo se muere de hambre.
El rey le ofreció una bandeja llena de monedas
de oro para que con ese dinero construyera un convento. El santo no aceptó el
tal regalo, pero tomando en sus manos una moneda de esas, la partió en dos, y de
ella empezó a brotar sangre que salpicó el vestido del mandatario. El rey
dobló la rodilla, y prometió que en adelante se preocuparía más por la suerte
del pueblo pobre y necesitado. El rey Luis XI de Francia, que había sido
bastante déspota y tirano y poco piadoso, tuvo un ataque de apoplejía (un
derrame cerebral) y quedó con una enfermedad nerviosa que le hacía muy amarga su
existencia y que lo puso de un mal genio tal que casi nadie se atrevía a
acercársele. Luis XI le escribió al Papa Sixto IV y el Pontífice le dio la
orden al santo de ir a visitar al rey enfermo. Con tristeza se despidió de su
amada patria porque sabía que ya nunca más iba a volver a su bella Italia.
Al llegar a Francia, las gentes se arrodillaban al verlo pasar, el hijo del rey,
mandó construir una capilla en el sitio en el que por primera vez se encontró
con este hombre de Dios.
A los 67 años llega el santo a Francia. El rey
lo recibe postrándose ante sus pies y le suplica: "Padre mío: obténgame de Dios
que me devuelva la salud y que me conceda unos años más de vida" Pero San
Francisco le responde: "Cada uno, cuando le llega el tiempo prefijado por Dios,
tiene que disponerse a partir hacia la eternidad, aunque sea un rey muy
poderoso. Pero lo que el Señor quiere concederle ahora es la salud de su alma".
Y siguieron varios días de charlas muy afectuosas e íntimas entre el enfermo
agonizante y el Santo de Dios. Y Luis XI no consiguió la salud de su cuerpo,
pero sí su conversión y la salud de su alma, tuvo la suerte incomparable de ser
asistido por un santo en su última enfermedad. Y el rey quedó tan agradecido
que nombró a Francisco de Paula como director espiritual de su hijo, el futuro
Carlos VIII, rey de Francia. Nuestro santo tuvo que quedarse por el resto de su
vida, sus último 24 años, misionando en Francia y allí consiguió muchísimas
vocaciones para su comunidad de religiosos y convirtió multitud de
pecadores.
El Viernes Santo, 2 de abril de 1507, después
de hacer que le leyeran la Pasión de Jesucristo según el Evangelio de San Juan,
se quedó plácidamente dormido con el sueño de la muerte, y pasó a la eternidad a
recibir el premio de sus virtudes. El pueblo empezó inmediatamente a
proclamarlo como santo y los milagros empezaron a sucederse por montones. Doce
años después de su muerte, fue proclamado santo por el Sumo Pontífice León X (en
1519). Y es un dato curioso, que un santo que jamás comía carne, ni huevos ni
leche, ni tomaba licor alguno, llegó en plena robustez hasta los 91 años de
edad.
Oremos
Señor, tú que te complaces en enaltecer
siempre a los humildes, quisiste que San Francisco de Paula brillara con la
gloria de una grande santidad; haz que nosotros sepamos seguir sus ejemplos de
humildad y que, ayudados por su intercesión, tengamos parte con él en la
herencia prometida a los mansos y humildes de corazón. Por nuestro Señor
Jesucristo, tu Hijo.
OOIOIOIOIOIIOIOIOIOIOIOIOIOIOIOIOIOIOIOIOIOIO
Santo(s) del
día
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Francisco de Paula
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Como
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